EL SICARIO DE CARACAS

Poco ha tardado la Madre Teresa de Caracas en volverse Pablenin, el hombre-lobo-rojo de Galapagar. Poco ha durado la moderación del Colón de los Pañales. Poquísimo ha esperado a sacar la patita el sicariato del genocida Maduro en España, crecido como anda tras el batacazo electoral de los que defienden la libertad para Venezuela: PP, Ciudadanos y Vox.

Y menos aún ha tardado en demostrarse la estupidez de Casado y Rivera dejando salir indemne al Padre Tinaja en los debates cuando hablaba del precio del alquiler y la paz mundial, como una Miss Universo cualquiera.

Nadie le recordó su condición de portavoz del régimen bolivariano que, tras la era del Gorila Rojo, que albergó en su palacio de Miraflores a etarras y monederos y festejaba como propios los éxitos de Podemos -con razón, porque los financiaba-, hoy reúne en la narcosangrienta de Maduro a los países liberticidas más temibles del mundo: China, Rusia, Irán, Turquía y Cuba.

Una semana ha durado el «viraje a la socialdemocracia» pregonado por el verdadero diario del Ibex 35, El País, cuya maxideuda de 2.400 millones de euros financian los bancos y empresas más poderosos de España, esos que, según Pablenin y su actual Krupskaia, «mandan sin presentarse a las elecciones».

O sea, como su amigacho el protogolpista Roures, a cuya fastuosa fiesta de cumpleaños en el Villamagna acudieron en hábito canino Pablo y Monedero, el mismo del despacho en Miraflores junto al de la ETA, el del medio millón de dólares por un informe que nunca hizo sobre una moneda que nunca existió… y le perdonó Montoro. Sólo hay algo comparable a la afición a la pasta de esta casta: su inextinguible pasión por la criminalidad comunista, de Lenin al Hijo de Chávez, Maduro, o sea, el primo de Pablo.

Desde Stalin, no había en España una izquierda tan salvaje como la podemita, que piensa quedarse medio Gobierno. Defender abiertamente a un régimen que provoca la estampida de cuatro millones de personas, cuyos niños mueren en las incubadoras y cuyas mujeres deben prostituirse para comer, sin que las femirrojas digan nada, no se veía desde antes de la invasión de Checoslovaquia en 1968, condenada por el PCE y aplaudida por Fidel Castro. ¡Y este es el socio preferente de Sánchez!

«¡Con Rivera, no!», aullaba Ferraz. Pero con Otegi, sí. Y con Maduro, también.

Federico Jiménez Losantos ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor