EL SILENCIO DE LOS QUE SE VAN…

Yo soy un moro judío
Que vive con los cristianos
No sé que dios es el mío
Ni cuáles son mis hermanos

No hay muerto que no me duela
No hay un bando ganador
No hay nada más que dolor
Y otra vida que se vuela

                                          Jorge Drexler

 

Estos días me pregunto si hay  mucha gente  a la que le gustaría poder decirle adiós a los suyos antes de irse, porque  en esta lotería en la que no es difícil que a cualquiera le toque la pedrea,  es una deriva realista del pensamiento situarse ante esa coyuntura vital, incluso para los que se creen inmortales.

Como escribí hace unos días,  no pienso eludir ningún asunto  de los que últimamente o se obvian o dulcifican con el pretexto de no alarmar a la población, como si nuestra sociedad  no estuviese preparada para conocer esa cruda realidad y fuese mejor anestesiarla con mentiras a medio enterrar.

Lamentablemente la soledad y el silencio son las dos compañeras que permanecen junto a la cama de los que mueren por el coronavirus , porque esta pandemia no solo está robando las vidas de la gente a la que queremos, sino también su derecho a sentirse dignamente acompañados y   no pueden decir adiós, dar las gracias,  disculparse con alguno de los suyos, o  regalar una última mirada  a quienes más quieren.

Es tan desconocido lo que sucede en este momento que solo nos queda intentar imaginarlo, aunque resulta imposible porque de la misma forma que cada uno vive su vida a su manera, muere su muerte a la suya.

Pienso que el  sueño más común que posiblemente tengan todos al irse sea permanecer en el recuerdo de los que le quisieron,  y ésa es la honra que se merecen, incluso los que no hayan hecho demasiados méritos en su vida, porque  si es verdad que algún día  nos encontraremos en algún sitio, en ese momento habrá una sonrisa de complicidad mutua,  y  en el caso de que no sea así, el gesto  habrá sido gratis y en cualquier caso  habrá sido generoso.

Tomen nota amigos y , antes de que sea tarde, sería bueno que no se ahorrase una buena palabra con la gente a la que quieren.

Diego Armario