EL SIMCA 1000

Vamos en un coche que, pidiendo desguace, traslada a notables talentos. Dentro viajan empresarios de lo más capaces, artistas, deportistas o restauradores de renombre mundial. En el maletero, tantas obras de arte que solo Italia puede no envidiarnos; patrimonios de la Humanidad por un tubo; un know how de primera en sectores que van de lo más tangible, como la automoción, a lo más intangible, como la publicidad. Todo el tesoro embutido en un Simca 1000.

En dudosos talleres han aplicado parches y chapuzas, y nunca se ha visto el momento de cambiar de coche. Como ya no se fabrican los componentes, mecánicos improvisadores y charlatanes van saqueando cementerios de automóviles en busca de deflectores y cajas de fusibles.

Condenado a esa chatarra con ruedas, el talento español -y con él sus empresas, su prosperidad, su empleo- solo circula bien en bajada. O en línea recta si el trayecto es corto. Nuestros sucesivos administradores, los gobiernos, se han ido pasando las llaves del Simca desde que España se normalizó a finales de los setenta. Y por normalizarse no me refiero aquí a la democratización sino, por ejemplo, a cobrar el IRPF; solo un 6% de los obligados lo pagaban antes de la Reforma Tributaria de 1977-1978.

El viaje se ha ido haciendo mal que mal. Reconversión industrial felipista, entrada en la CEE, modernización, expansión internacional, turismo sistemáticamente creciente y diversificado, cumplimiento contra pronóstico de las condiciones de convergencia europeas, entrada en el euro, digitalización masiva. Pero todo en un Simca 1000 por la exasperante desidia de los administradores.

El Simca es un sistema laboral dual que mantiene a los jóvenes en la precariedad y les hace pagar todas las crisis con la pérdida de su empleo. El Simca son las rigideces burocráticas que enloquecen al más cuerdo; no solo se priva a los emprendedores de estímulos sino que se les somete a una carrera de obstáculos desalentadora y ruinosa. El Simca son los 17 mercados.

El Simca es una Administración que nunca ha entendido para quién trabaja y a la que le parece extravagante facilitar las cosas a los generadores de riqueza. El Simca es la hipertrofia administrativa, la invasión paulatina de espacios de nuestra vida porque hay que colocar a los de tu bandería, y algo tendrán que hacer.

El Simca son tantas universidades provincianas y tribales, alérgicas a la colaboración con empresas, esto es, alérgicas a la vida real. El Simca es una cultura que criminaliza al empresario.

La tartana se acaba de encontrar de frente con una larga y empinada subida. ¿Cambiamos por fin el coche? ¿Para qué? Según Calviño, el impacto en el vehículo será «poco significativo». Lo dijo en marzo. En junio, el FMI nos anuncia que el Simca quedará el último: encabezaremos el hundimiento económico mundial. Cualquiera lo podía prever, menos ella.

Para que se anime, la queremos de presidenta del Eurogrupo.

Juan Carlos Girauta ( ABC )