No es esta una semana precisamente satisfactoria para los intereses del Gobierno en el Tribunal Constitucional.

Ayer vio cómo se declaraba inconstitucional la medida adoptada durante el primer estado de alarma por la que el Gobierno hurtaba a los diputados su obligada labor de control durante la excepcionalidad de la fase crucial de la pandemia.

Y previsiblemente, en las próximas horas, verá cómo también se declara inconstitucional el segundo estado de alarma, y cómo se rechaza el recurso interpuesto en su día por el PSOE contra la prisión permanente revisable.

No solo Sánchez está fracasando, para bien de nuestra democracia, en su propósito de someter al TC a sus órdenes, sino que además se está demostrando que su forma de legislar es errónea, arbitraria y, en muchos casos, autoritaria.

La democracia no es lo que decida un Gobierno, sea cual sea su signo. Es la ley lo que marca su solidez y Sánchez se ha propuesto socavarla.

Por eso es buena noticia que el TC sea un dique de contención.

ABC