EL TEATRO DE LOS PRESUPUESTOS

Ya los clásicos advertían del poder del teatro y de su efecto inmediato sobre el espectador para concluir que no hay mejor instrumento de propaganda. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias quisieron escenificar ayer la forja de un pretencioso y mal entendido acuerdo de Estado, en el que incluso se estampó el logotipo institucional del Gobierno al lado del de un partido: algo insólito. Pero lo que protagonizaron fue una astracanada, en tanto que lo presupuestado no es más que un brindis al sol.

Con demasiado artificio y poco rigor, vendieron un pacto para los Presupuestos impostando una responsabilidad de la que carecen, conscientes de la dificultad de que salgan adelante. En lugar de presentar unas cuentas apropiadas a la realidad económica española y a las exigencias europeas, ambos dirigentes se han regalado un escaparate electoral a costa de un gasto inasumible.

Según sus cuentas, el aumento del gasto público ascenderá en 2019 hasta los 5.529 millones de euros. Una cifra difícil de calcular, puesto que de las 21 partidas detalladas varias no aparecen cuantificadas y otras se encuentran palmariamente infravaloradas, como es el aumento del gasto en pensiones, de vuelta al redil del IPC. Tal es el baile de cifras que ni el Gobierno ha consensuado una cuantía oficial que pregonar: así, la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, se olvidó ayer de los números de la Seguridad Social y limitó el aumento a los 2.082 millones.

Sin embargo, todavía más preocupante que esta burda manipulación es el oscurantismo con el que se quiere tapar la parte de la balanza de los ingresos, inexistente en las decenas de hojas rubricadas. Mientras Montero afirmó que espera que la polémica y cruda reforma fiscal que contemplan sus Presupuestos se traduzca en 5.678 millones, el líder de Podemos aseguró que los ingresos mejorarán en «unos 7.000 millones».

Bastante disparidad que evidencia dos cosas: una improvisación patente y que el verdadero objetivo no es presentar unas cuentas que aguanten más allá del papel, sino contarles a los ciudadanos cuentos hermosos con los que disimular una inexistente gestión.

Comentario aparte merece la subida del salario mínimo a 900 euros. Porque se trata de la mayor en la historia, porque se ha excluido a los agentes sociales y porque tampoco está nada claro que dada la situación económica, en plena desaceleración, vaya a repercutir positivamente en un aumento de las cotizaciones ya que, ni de lejos, lo hará en la contratación.

La economía española requiere una gestión responsable. Y eso no es lo que se desprende de unas cuentas que esconden el impacto que tendrán sobre el déficit. La principal función del Gobierno es garantizar una estabilidad que sigue brillando por su ausencia: Sánchez trata de exhibir como éxito de su legislatura un acuerdo de ficción que ni cuenta con los apoyos políticos necesarios para aprobarse en el Congreso.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor