EL TORRA ESTÁ TORRAT

Ante el infortunio de Cataluña, España vive dos realidades enfrentadas. A la gente ya le aburre lo que ocurre de verdad y prefiere la novelería, porque nos fascina la ficción y la hipérbole desde los griegos: escribir que Zeus atravesó el mundo en cuatro zancadas o que amontonaba las nubes eran hipérboles y fingían creerlas.

La exageración es uno de los recursos de poetas en las odas; ahora, los políticos también exageran en los discursos. Ante el procés sobreactúan, caricaturizan una realidad que empieza a ser explosiva y hacen énfasis, con afirmaciones exageradas y utopías virtuales. Como ha dicho Manuel Valls, la lucidez en el caos, hay que superar la fantasía de convertir Barcelona en la capital de una república imaginaria.

A este lado, la indignación crece y la política se radicaliza hacia la derecha dura. Crece la ira porque los separatistas han ganado la batalla de las hipérboles. Se acerca el juicio y los acusados de rebelión intentan la máxima corrupción -después de la traición-, que es coaccionar a los jueces. Están cerca del banquillo y toman las calles gritando que no hay justicia.

Informan de que «centenares de organizaciones de todo el Estado» -en realidad, unos cuantos diputados separatistas y unas decenas más de hinchas del procés– se han concentrado ante el Tribunal Supremo. En el frío mitin afirmaron que los partidos españoles están más interesados en defender conceptos franquistas como la unidad territorial que en defender los derechos democráticos. Dicen que la unidad territorial es un concepto franquista y ocultan que la República y Azaña se opusieron con ferocidad a los que en los años 1931 y 1934 intentaron descuartizar España y fracasaron como siempre.

Se acerca el 21 de diciembre, cada vez está más cerca el juicio de los rebeldes y los activistas de choque anuncian barricadas, toma de aeropuertos y autovías, informando a los ciudadanos de que la Justicia española es una mierda.

Informan mis fuentes de Canaletas: «El Torra está torrat [quemado]. Todas sus arengas y exageraciones son un intento desesperado para movilizar el voto independentista que se está escorando hacia ERC». Este fanático supremacista parece un invento de los botiflers, una caricatura del independentismo, y sigue a Puigdemont en el intento imposible, por ahora, de hacer una república virtual.

Nadie espera que el día 21 de diciembre de 2018 sea el 24 de abril de 1916, aquel Levantamiento de Pascua que le hizo escribir a Yeats: «Una terrible belleza ha nacido». Estos monigotes que siguen a un líder prófugo no están dispuestos a entregar sus vidas por su república imaginaria. Quizás eso sea lo mejor para todos.

Raúl del Pozo ( El Mundo )