EL TRANTRÁN

Susana Díaz le preocupaba una posible coincidencia de las elecciones andaluzas con las generales porque si hay algo que de verdad le molesta es parecer dependiente de Pedro Sánchez. Escaldada como está de las primarias, ha dudado sobre la fecha pero no sobre su convicción de ir por delante, para señalar distancias con el presidente y evitar en lo posible el impacto del conflicto catalán en el debate.

Al convocar para diciembre puede beneficiarse de la ventaja actual de la marca del PSOE sin aparentar que le deba nada a nadie y minimizando, siquiera relativamente, las consecuencias del desgaste que el Gobierno de la nación acumula de forma cada vez más palpable. Esperar a marzo suponía, además, el riesgo importante de que en la campaña se cruzasen la sentencia de los EREs y la investigación parlamentaria sobre los puticlubs pagados con tarjetas oficiales.

Estos comicios regionales admiten pocas especulaciones sobre su resultado. El partido Alfa de la autonomía andaluza no tiene comprometido su liderazgo; volverá a ganar, como en los últimos 38 años, aunque descartada la mayoría absoluta queda saber por cuánto. El detalle posee mucha relevancia porque determinará el aliado que Díaz necesitará para seguir gobernando, salvo en el muy improbable caso de que PP y C´s alcancen en conjunto una suma de escaños suficiente para desalojarla con un pacto.

El gran temor de la presidenta es que en el bloque de centro-derecha pueda producirse un sorpasso, de tal manera que el segundo puesto y por tanto la teórica alternativa correspondiera a Ciudadanos. Eso imposibilitaría el acuerdo que más le gusta -y que ya ha disfrutado en el actual mandato- y la dejaría en precario o en brazos de Podemos, hipótesis ésta que le provoca sarpullidos de rechazo. De cualquier modo, armar una alianza estable no le va a resultar fácil ni barato; con las municipales de mayo a la vista, los apoyos de los rivales cotizan muy alto. En ese sentido, una eventual repetición de las elecciones no constituiría un supuesto disparatado.

Más allá del estricto politiqueo, el panorama social de Andalucía no va a cambiar en exceso a menos que se produzca un vuelco que a día de hoy no contempla ningún sondeo. El PSOE se ha convertido en el gran partido conservador andaluz, el eje de un régimen clientelar al que la población se ha acomodado con el paso del tiempo. La comunidad vive en un trantrán económico cuyo limitado progreso equilibra más mal que bien un sistema de reparto subvencional basado en transferencias de renta de origen externo.

El poder autonómico es un latifundio institucional que la Junta administra sin contrapesos, con la sociedad civil desarticulada, la oposición jibarizada y un ambiente general de conformismo espeso. El secreto de la hegemonía socialista consiste en haber creado un marasmo colectivo en el que la ciudadanía siente aversión al riesgo.

Ignacio Camacho ( ABC )

viñeta de Linda Galmor