EL TRILERO DEL CIS

Resulta muy fácil tirar por tierra un cierto prestigio profesional, ganado con años de estudios y esfuerzos reconocidos, y la prueba más evidente nos la ofrece cada treinta días aproximadamente Jose Félix Tezanos,  doctor en Ciencias Políticas y Sociología, que durante años fue considerado uno de los ideólogos y estrategas del Psoe en la sombra, a las órdenes de Alfonso Guerra.

Tezanos, que podía haberse jubilado con honores, a día de hoy tiene un problema que parece no incomodarle, aunque debería, porque no existe crítica más demoledora que la que te puedan hacer , con argumentos profesionales y técnicos, tus propios colegas de oficio.

Tradicionalmente el CIS gozaba de un prestigio indiscutido porque era el único que podía permitirse hacer encuestas con muestras de población muy numerosas y costosas, con lo que sus resultados siempre merecían el respeto de los profesionales en sociología demoscópica. Hoy en cambio se han convertido en un chiste que desprestigia incluso a los profesionales que las realizan.

Los buenos profesionales de la manipulación, que siempre los ha habido y los habrá, saben cómo contar mentiras de forma que perezca que son verdades,  y en base a este principio hay que deducir que Tezanos no es un buen manipulador de datos sino un zafio trilero que intentan engañar a la opinión publica de este país gastándose en ese objetivo el dinero que los defraudados pagan con sus impuestos.

A lo largo de la historia han existido dos tipos de personajes en el entorno del poder: el adulador y el tocapelotas.  La primera de estas dos especies – a la que pertenece José Félix Tezanos –  crece como las setas y no hay que hacer el mínimo esfuerzo por conservarlos. Son lameculos vocacionales que sobreviven flotando contra viento y marea en cualquier tipo de aguas, aunque sean fecales.

En cambio el que incordia al poderoso recordándole que solo es un hombre y no un dios, como hacia el siervo que iba tras el general victorioso cuando desfilaba por Roma, tiene escaso futuro porque la verdad casi siempre incomoda a los gobernantes.

La conciencia crítica es lo primero que pierden las personas que acceden a un puesto de alta responsabilidad, especialmente si esa circunstancia le sobreviene sin esperarla mi merecerla, porque son conscientes de las limitaciones que pretenden ocultar y dedican parte de sus esfuerzos a localizar enemigos para anularlos.

Esa inútil pretensión de Pedro Sánchez no se arregla con un cocinero.

Diego Armario