EL TURNO DE LA ESPAÑA CONSTITUCIONAL

La razón por la que ayer Pedro Sánchez fue investido presidente con el apoyo activo de comunistas, separatistas y proetarras es la mutación del PSOE en un movimiento orientado sólo a la posesión del poder político. Los socialistas carecen de proyecto para España como nación y, gracias a esta carencia, han sumado votos y abstenciones de quienes tienen como objetivo dejar a España humillada y sin sistema constitucional.

La diputada de ERC, Montserrat Bassa, resumió la clave del nuevo Ejecutivo al afirmar que «me importa un comino la gobernabilidad de España». A Sánchez, también y por eso ha pactado con el partido de Bassa.

La impúdica sinceridad de los separatistas catalanes es la que desnuda el vacío ético de Pedro Sánchez, quien, como ya hiciera en la moción de censura contra Mariano Rajoy con los votos de Bildu, no tuvo la decencia, siquiera personal, de repudiar estas palabras ofensivas para los españoles.

España ya no tiene una izquierda constitucional y el paso dado ayer por el PSOE y sus socios es el primero para intentar la reversión del consenso constituyente de 1978. Quien, en el ámbito del constitucionalismo, no interprete con esta directriz lo que está sucediendo incurrirá en un error imperdonable.

El entusiasmo impostado de los diputados socialistas al terminar la votación pretendió acallar la mísera diferencia de votos -solo dos- que ha permitido a Sánchez ser presidente. Sus aplausos y sus sonrisas acompañaron la satisfacción de EH Bildu, los custodios de ETA, que ahora pueden decir que tienen en sus manos al presidente del Gobierno de España, lo que no consiguieron con casi mil asesinatos.

También fueron palmeros del entusiasmo de los separatistas de ERC, capaces de llamar «verdugo» al PSOE en la cara de sus diputados, tan silenciosos como les obligaba la ambición desmedida de Sánchez por ser presidente.

La urgencia que anuncia el PSOE en la reunión del nuevo Consejo de Ministros es similar al abrazo que Sánchez e Iglesias se dieron a las 48 horas de perder cientos de miles de votos en las elecciones del 10-N.

Es el movimiento frenético que Sánchez quiere imponer a su gobierno para disimular la fragilidad de su Ejecutivo y a la que la oposición deberá responder puntualmente, porque esta vieja izquierda -porque no tiene nada de moderna, ni de progresista- ya es conocida en España y busca la imposición de un sistema intervencionista de Estado, un modelo sectario de sociedad y un régimen de libertades y derechos amenazado. Es esa revancha tóxica que tanto tiempo llevaban esperando.

Con estos mimbres no habrá normalidad política. Pronto sabrán ERC, Bildu, PNV y hasta Unidas Podemos que han pactado con un político incompatible con la verdad, que les engañará también a ellos, porque sus promesas tenían el día de ayer como fecha de caducidad.

Tendrá tiempo para hacer daño, sin duda; hará trampas, regalará indultos, hundirá el empleo, arruinará familias, pero no podrá llegar a cumplir el núcleo duro de los pactos. El Estado se dejará jirones en el camino, sobre todo el Estado de Derecho, porque este es un gobierno que necesita impunidad jurídica y, por esto mismo, sus reformas irán destinadas a modificar las leyes del Tribunal Constitucional, del Consejo General del Poder Judicial y del Código Penal, y todas las que sean necesarias para que esa «desjudicialización» sea tanto retroactiva como prospectiva.

Enemigos declarados del Estado. Como todo en política, incluso la temeridad de Pedro Sánchez, se topará con los límites del instinto de supervivencia de la nación. A partir de hoy, el nuevo presidente del Gobierno y el PSOE se dedicarán a chantajear a sus socios con el espantajo de la derecha cada vez que duden en apoyar sus iniciativas; y empezará a escudarse en jueces «reaccionarios», conspiraciones derechistas, imposiciones de Bruselas y demás coartadas con las que el ya presidente investido esquivará sus responsabilidades, porque además de mentira hay mucha cobardía en los fundamentos de este gobierno.

Si los separatistas y los proetarras se creen que lo que les ha prometido Sánchez se puede realizar sólo por su voluntad están muy equivocados. El PSOE representa hoy el túnel para que los enemigos declarados del Estado superen las defensas de la Constitución y del imperio de la Ley.

Pero ahí les estarán esperando las instituciones independientes del Poder Judicial, los medios de comunicación críticos, los partidos constitucionalistas y la España que no se reconoce en los pactos destructivos de aquello que en su día fue el PSOE. España, ni roba ni se dejará robar.

ABC