EL VALOR DE LAS PALABRAS

Las derrotas suelen comenzar por las palabras. En concreto, cuando aceptas las expresiones del contrario. Sánchez acaba de admitir la figura y denominación del «relator» para que esté presente en los diálogos que dice querer mantener con los golpistas.

Es una forma de someterse ya a ellos, un modo de asumir de facto un statu quo que nunca existió. Comienza su diálogo habiéndolo ya perdido.

No sólo por consentir un intermediario no pertinente en las conversaciones de un presidente del Gobierno con el representante del Estado en un territorio, sino también por nombrar tal engendro con la palabra «relator», como si estuviésemos hablando de la descolonización de un país del tercer mundo.

Decididamente, a Sánchez le importa un bledo España. Está ocupando el poder para cualquier cosa menos para gobernar y dar futuro a la sociedad que encabeza.

Las palabras son el espejo del pensamiento, como hace rato que concluyeron los clásicos. Si las aceptas y empleas, haces tuyos los matices y trampas semánticas que se guarecen en su interior.

El Astrolabio ( ABC )