EL VICEPRESIDENTE LEGÍTIMO

Esquerra ha asistido con indignación a la campaña realizada por Carles Puigdemont. Le acusan de «cobarde» por haberse fugado cuando las cosas se pusieron feas y de haber faltado al pacto que el viernes de la DUI hizo con sus consejeros y que consistió en que el lunes siguiente –el que Puigdemont apareció por sorpresa en Bruselas– acudirían todos a sus despachos. También a Esquerra le ha dolido que el entorno del expresidente haya difundido la propaganda de que votar Junqueras es «votar 155» cuando él está pagando con la cárcel lo que Puigdemont se ahorra en Bélgica.

Los republicanos le reclaman ahora a Puigdemont que cumpla con la única promesa en que ha basado su campaña, y que regrese a España para ser investido presidente de la Generalitat. Esquerra sabe que si regresa será detenido y acomodado en Estremera, y que no podrá ser investido; y sabe igualmente que si permanece en su actual residencia por miedo a la cárcel, no podrá encarnar ninguna legitimidad presidencial ni mucho menos tomar posesión del cargo.

Ante este panorama, rechazan votar la investidura de cualquier otro candidato de Junts per Catalunya y entienden que si de lo que se trata es de restablecer al gobierno legítimo, le corresponde al exvicepresidente Junqueras ser el president si Puigdemont no puede por causa de sus malas decisiones. Contra la propaganda del «president legítim», la del «vicepresident legítim», que es quien asume las funciones del presidente cuando éste no puede.

Justo ayer, en un tono francamente poco presidencial, dijo que con su segunda posición, «España tiene un pollo de cojones», aunque en realidad tal pollo lo tiene él con su vida, entre los muchos años de cárcel o la irrelevancia total de un pobre hombre que quema sus días dando de comer a las palomas de la Grand Place.

Aunque la propaganda independentismo celebró el jueves una supuesta gran victoria, es más que probable que esta victoria no se pueda concretar. Además, a todos los partidos menos al de Puigdemont les conviene una repetición electoral: a los partidos constitucionalistas por ver si logran sumar, y a Podemos y a la CUP por ver si salen un poco de la insignificancia en la que han quedado. En una «segunda vuelta» en marzo, el efecto Puigdemont quedaría desdibujado y Esquerra no puede permitirse ser la eterna Cenicienta de una Convergència que siempre se inventa algo de última hora para ganarle.

Salvador Sostres ( ABC )