El volcán de Cumbre Vieja en la isla de La Palma, hasta ahora, la isla bonita, es la anticipación y anunció de los efectos de otros volcanes en erupción silenciosa que se ciernen sobre España y que la dejarán como lo que era la isla bonita, lo mismo que el resto, sin ser ya España.

Un país que vive en un golpe de estado permanente desde que la izquierda tomó el poder, con sus ansias revolucionarias y el objeto de dejarla con los efectos del volcán. Lo están consiguiendo. Un país que muchos lo llaman así por no llamarlo por su nombre en señal del desprecio que le tienen. Que está sumido en unos problemas endógenos que se ven insuperables

Que cuenta con una sociedad destrozada y descompuesta que seguirá votando las opciones que destruyen la civilización, mientras se pueda seguir votando que para eso sería mejor quitar las urnas. Vemos el infierno destructor en la isla de La Palma, y al lado los miles de jóvenes del botellón que dejan arrasado el terreno como si pasara el volcán.

A eso y otras cosas sucesivas que parecen surrealistas se llega de la forma que ha ocurrido hasta ahora en la enseñanza, y la civilización, en el despilfarro político, y en la corrupción generalizada, pero que ya no es un ensueño como dijeron los golpistas cuando les salió mal el golpe de estado, sino que todo eso es la auténtica realidad que estamos sufriendo.

Los separatistas son supremacistas, convencidos que son superiores a los demás, y con el derecho de masacrarlos. Y ya los socialistas, con quienes se disputan el poder, esos ya son de lo que no hay, y van a gusto en la burra con los enemigos de España.

Esto es el progreso. ¿Qué se puede esperar de todas las leyes que nos impone la izquierda? Los efectos volcánicos de todas sus leyes liberticidas y anti natura, acabarán con todo signo de civilización, dignidad, verdad y justicia. ¿Cómo van a terminar esas aberraciones de la memoria histórica, las leyes de género o todas las que conciernen a la lengua, la formación y la cultura?

¿Qué se puede esperar del aborto o la eutanasia?

El aborto es la violencia suprema que enseña a los abortistas a ejercerla. El aborto no enseña a amar, si no a matar para conseguir lo que quiere quien lo practica. Si una madre puede asesinar a su hijo en su seno, ¿qué le impedirá que pueda matar a los demás? Nada impedirá que nos matemos unos a otros porque con el aborto los padres aprenden a matar a sus hijos lo mismo que con la eutanasia los hijos aprenden a matar a sus padres.

Es la destrucción de una sociedad en estado de descomposición, que invierte los valores y en su lugar pone todos los vicios porque estos se oponen a los principios, valores, y virtudes que desprecia; que da los votos no para gobernar sino para detentar el poder mediante la trampa y la mentira, el desprecio al prójimo y el odio como el que escupe con rabia el volcán, un fuego y humo tóxicos y con fuerte olor a azufre que revienta a presión desde el mismo infierno.

¿Cómo arreglar todo esto? Se necesita erradicar para siempre todas las leyes socialistas empezando por las de género y memoria histórica, y las de educación, y cualquiera otra. En lo material la solución empieza por destruir la casta política que como el volcán devora y hace desaparecer todo lo que pilla. Las 17 pirañas de las autonomías deben llevar el mismo fin. ¡Fuera! Fuera con todo lo que sobra y nos hunde en la miseria, moral, material y espiritual, porque al fin todo se relaciona

Más de la mitad de los políticos, fuera también; esa indecencia lastra España de por vida. ¿Qué van a crear ese tipo de personajes más que la justificación de su latrocinio? El que nos estemos empobreciendo, y que cada día haya más pobres, lo debemos a los que se enriquecen hasta blindarse en la casta, donde se protegen. Todo eso ha de quedar como los efectos del volcán. ¡Arrasado!

Las soluciones ya no pueden ser tibias, timoratas como las de Pablo Casado que dice va para la alternativa. Para ese viaje no necesitamos alforjas. Es necesario todo lo contrario para meterle mano a los problemas, si no, seguirán creciendo hasta comernos.

Pablo Casado sólo será la continuación de lo que ya hay con un poco menos de robo, tal vez, porque en eso a los socialistas no hay quien les gane. No saldremos de la patada. Casado prefiere pactar con el enemigo, antes que con Vox. Esto no se entiende pero es así.

Estamos en una situación lamentable, penosa y muy triste que va por el peor camino hacia el peor fin, y a pasos agigantados.

Había una pequeña ilusión con el rey pero desde que se bajó los pantalones ante Sánchez y firmó los indultos, dejó de existir. Esto es un rebaño rodeado de lobos sin pastor. El rey ni dio ni va a dar la cara, sólo cuando el golpe del 1º de octubre de los catalanes, pero luego se acabó.

Los «progresistas» no soltarán el poder y ya intuimos las consecuencias. No quieren oposición que es la esencia de la democracia. Lo primero es que no contestan a los periodistas, o se escapan del Congreso para evitar que les presionen, y hacen siempre lo que les da la gana sin respetar a los demás. Son auténticos dictadores y malas personas. Los progresistas se imponen por las buenas o por las malas porque les da lo mismo, y con todo descaro.

La ley solo la respetan si les conviene, como bien decía, Largo Caballero. Y si no, imponen la suya como está sucediendo, pues todas las leyes que rigen hoy los estamentos y la vida en general, son sus propias leyes, se nota bien; y encima, tras salirse siempre con la suya, no están contentos, porque nos tienen un odio incomprensible; un odio como el que escupe el volcán enfurecido, que por muchas vueltas que des a la cabeza intentando comprender su porqué, no vas a conseguir nada, nada más que abrirte a cachos la cabeza de tantos golpes contra la pared, antes de llegar a comprender el odio de la izquierda. Cuando se trate con el dominio y pacte con él se entenderá ese odio incomprensible de la izquierda. Eso sería que pasamos a su bando.

Pues va a ser que no, que ya no queremos entenderlo; que se coman su odio con patatas fritas a ver si revientan de soberbia. Se quedarán con su odio infundado y diabólico, y con el desprecio a su jefe del que son sus siervos y con su locura hasta que llegue la medicina apropiada que pueda curarlos.

Torres más altas se han caído.

Fígaro ( El Correo de España )