EL VOTO FEMENINO

Pedro Sánchez está buscando un colchón electoral para no llevarse el que puso en La Moncloa a su casa. Su manual de supervivencia está más que claro. Presidente del Gobierno como sea, con quien sea y con el voto de quien sea. Lo demás le da igual a este político profesional que ha conseguido darle una vuelta de tuerca a la partitocracia que denuncian los que quieren ver razones de Estado donde solo hay intereses partidistas.

Sánchez ha ido más allá, o más acá en su egocentrismo sin fronteras, y ha antepuesto sus intereses personales a los del mismo PSOE que lo ha aupado a la más alta magistratura que podría haber soñado jamás.

En su carrera por ese colchón electoral que le permita seguir viviendo del presupuesto, Sánchez se ha arrojado sin escrúpulo alguno a por el voto femenino. Amenaza con hacer huelga el 8 de marzo, como si las condiciones laborales de las mujeres en España tuvieron algo que ver con las que sufrían aquellas esclavas del capitalismo más salvaje que le dieron sentido a esta fecha.

Sánchez no se detiene ante nada ni ante nadie. Y le ha dado la vuelta como un calcetín a la verdadera historia del voto femenino, que llegó a nuestro país en plena II República gracias a la insubordinación parlamentaria que se practicaba por entonces en las Cortes. Igualito que ahora…

Aquella izquierda que despotricaba contra la democracia burguesa, y que pedía revoluciones en Asturias o Casas Viejas, era la misma que no quería el voto femenino. ¿Por qué? Pues porque decían que las mujeres de los años 30 estaban muy influidas por los curas, y que les votarían a las derechas para seguir los preceptos de sus malvados y carcas confesores.

Tal como suena. Tuvieron que ser las mujeres liberales y radicales como Clara Campoamor las que se pusieran manos a la obra para lograr esa igualdad en las urnas frente a una izquierda que se subió, parcialmente, al carro cuando vio que no había nada que hacer ante la avalancha de la igualdad.

Mentira. Solo hay que ver el papel que desempeñaba -y sigue desempeñando- la mujer en las dictaduras de izquierda, vulgo el socialismo real o comunismo, para darse cuenta de que el machismo va por barrios. Así que menos lobos y menos lobas, presidente.

Las elecciones del 28 de abril se juegan en una loseta. Por un puñado de votos puede gobernar Sánchez… o no, que diría el registrador de Santa Pola. En esa lucha encarnizada por el poder, este aventurero que no tiene reparos en utilizar a su propio partido en sus aspiraciones personales ha salido en busca del voto femenino.

Como si todas las mujeres fueran iguales. Como si ser feminista fuera ser de izquierdas. Como si fuéramos tontos y tontas, y nos creyéramos esas medias verdades que son peores que las dobles mentiras.

Francisco Robles ( ABC )