ELECCIONES ARRIESGADAS

Estamos llegando al clímax, al momento cumbre de la farsa para investir a Sánchez presidente, y darse de bruces con todo lo contrario. Suele ocurrir a los farsantes, afortunadamente, pues gracias a ello el mundo sigue adelante. La trampa tendida a Iglesias era perfecta: ponerle en la disyuntiva de ceder sus escaños a cambio de cargos de relumbrón, pero sin poderes ejecutivos, para que el presidente pudiera continuar gobernando en solitario, con la ayuda de unos u otros (Cs y PP incluidos) según las circunstancias.

Y en caso de que Iglesias no aceptara, amenazarle con nuevas elecciones, cargarle con las culpas de que no hubiera un «gobierno progresista» e incluso con el acceso de la derecha al poder si tal ocurriera. El plan era perfecto sobre el papel. En la práctica, está resultando unas cuentas de la lechera. Como me habrán leído más de una vez, su primer fallo fue suponer que Iglesias, ante tal panorama, se rindiese.

Pero no se rinde, al saber que hacerlo tras decir tantas veces que ceder a Sánchez todo el poder sería tanto como renunciar a cuanto ha luchado toda su vida. Mejor morir de pie que en un sillón sin competencias. Luego, ni Cs ni el PP están dispuestos a consentir que siga gobernando, incluso con su presupuesto.

Por último, los nacionalistas, aunque ansiosos de que siga en La Moncloa, se dan cuenta de que este hombre va de farol y le advierten que pacte con Podemos como sea o no le apoyarán. ¿Será la última cabriola de Sánchez este verano? Depende de lo que digan las encuestas, esas modernas lecturas de las vísceras de las aves, el día 23, cuando se decida si votamos el 10 de noviembre o no.

Pero es que, incluso si hay gobierno de coalición, el problema no estará resuelto. Una coalición a cara de perro es peor que un matrimonio forzado: un infierno. Y queda el rabo por desollar: la economía. La desaceleración está ya aquí y una nueva crisis apunta en lontananza, con el Brexit y las batallas arancelarias.

Con un gobierno que aumenta el gasto, como exige Iglesias, sería repetir lo ocurrido en las postrimerías de Zapatero. De ahí que, para quien gobierna, volver a las urnas puede ser la opción menos mala, cuanto antes además, para que no le coja el tsunami financiero. Es como puede haber elecciones sin quererlas nadie.

Lo curioso es que Sánchez las califique hoy de «riesgo» cuando pudieron ser su objetivo inicial. Pero eso era a principios de verano, con dos elecciones ganadas y el viento de cola. Han pasado, sin embargo, muchas cosas desde entonces y aunque los actores son los mismos, el escenario ya no lo es.

Incluso ha empezado a moverse, sin saberse bien hacia dónde. No parece haber grandes cambios en los viejos partidos. Mientras los nuevos, cada vez más parecidos a ellos, pueden darse el batacazo. Mañana analizaré sus posibilidades. Aunque advierto que nadie conoce cual será el ánimo de los españoles en dos meses. Ése es el riesgo del Dr. Sánchez.

José María Carrascal ( ABC )

viñeta de Linda Galmor