«Querida Elena Francis. Hace mucho que escucho tu programa, las más de las veces en silencio, cuando me peino y me tranquilizo mientras me pongo a mirar la sierra, pero ha sido la reciente incorporación a tu consultorio de cartas de oyentes que mantienen relaciones de progreso, fuera del ámbito castrador del heteropatriarcado, lo que me ha animado a escribirte para confesar mi quebranto y buscar una salida a la angustia que en vez de corbata llevo anudada al cuello.

El caso es que hace tiempo conocí a un compañero de trabajo, siete años mayor que yo. Al principio no me hacía mucho caso, e incluso iba diciendo por ahí que le quitaba el sueño llegar a algo serio conmigo.

 Yo nunca me rendí. Es guapo, alto, sincero y honesto, tiene el título de doctor y un avión para él solo. En noviembre empezamos a salir, e incluso nos abrazamos en público para que la gente supiera lo nuestro, pero la cosa no tardó en torcerse, al poco de sellar nuestra alianza ante lo más sagrado.

Empezó a ocultarme cosas, como si yo no pintara nada. Con lo del Covid me tuve que pedir las residencias de mayores para darme importancia, e incluso me inventé un lema aparente, que nadie se quede atrás, que era más una confesión personal que un escudo social.

Nadie me entiende, pero me voy acostumbrando. Pasó el confinamiento, llegó el verano, se puso moreno y las cosas no mejoraron. Se empeña en juntarse con gente que me critica, y apenas me habla. No me dijo nada de lo del Rey, y tampoco de lo de Bankia, y eso que se dedica a airear el primer whatsapp que le mandan. A mí, en cambio, nada.

Me entero de las cosas cuando pongo la radio y me cepillo el pelo, en busca de esa tranquilidad que me niegan sus desprecios. El otro día tuvimos una discusión fuerte, e incluso se disculpó, pero ya no me fío. Vivo en un sinvivir, y ahora soy yo el que no pega ojo. Por eso recurro a usted, para que su clara visión de las cosas me ayude. Atentamente, Lirio Morado»

(Suena «Indian Summer», de Victor Herbert, sintonía del programa)

«Querido Lirio Morado. Con mucho gusto e interés paso a responder tu carta. Existe una gran diferencia entre el noviazgo y el matrimonio. El primero constituye una época feliz, romántica y soñadora. El segundo es un tiempo de realidades inequívocas, de tocar el suelo con los pies después de descender de las nubes (…) El problema que me planteas puede corregirse con el tiempo, cuando la idealización deje paso a la realidad.

Quedo a tu entera disposición.

Hasta siempre».

(Respuesta original a una vieja carta firmada por «Leticia» en el consultorio de Elena Francis).

Jesús Lillo ( ABC )