ELOGIO DE LA SIN RAZÓN

Tiene mala prensa la gente que descarrila del pensamiento oficial porque o les llaman locos, o asociales y en el mejor de los casos revolucionarios, pero quien nunca ha pasado por una de esas tres etapas de la vida que se dé prisa antes de que se le haga tarde, porque el día que le toque despedirse no tendrá nada interesante que contar a los suyos.

A veces la razón es nuestra peor enemiga porque nos impide soñar y quiere aherrojar en una cárcel de pretextos cualquier impulso que nos ilusione con lo que creemos imposible. Por eso desde hace unos días me he declarado en huelga de argumentos para abrazarme a la revolución de los deseos.

Creo que cada vez que me rebelo contra las imposiciones de la lógica me siento más libre, y lo mismo me sucede cuando me resisto a aceptar lo que los déspotas de la corrección política quieren imponernos, tanto en el lenguaje como en los sentimientos.

Pero hoy no hablo ni escribo sobre asuntos que ya no me importan, sino sobre los que nos hacen vivir con la mirada puesta en una esperanza que algunos desprecian porque creen que todo lo que nos sucede es casualidad o fatalismo, por eso tengo para mí que es mejor andar solo y a contracorriente frente a la epidemia de racionalidad que nos invade y nos roba la ilusión de seguir creyendo que lo imposible es posible.

Yo ya no creo que la única realidad sea la que tocamos, vemos y escuchamos en este mercadillo de baratijas morales, porque hay gente que en estos momentos y en este mismo espacio de prisas, desamores y mezquindades, pelea por su segunda oportunidad que es un reto que solo se les concede a los mejores.

Diego Armario