EMBARRANDO LA PANDEMIA

¿Llegaremos a saber cuántos españoles han muerto a causa del Covid-19? Lo dudo. El Gobierno ha usado todos los medios a su alcance, las más distintas personas y las estrategias más sucias no sólo para que no se sepa hoy sino también para hacer imposible conocerlo en el futuro.

La fórmula es tan simple como pérfida: en vez de no dar información sobre el asunto, dar tanta y tan confusa que, al final, el pobre espectador no sabe a qué carta quedarse y busca una buena película o un viejo partido en otro canal. Le habrá ocurrido a muchos en las farragosas interminables ruedas de prensa que los portavoces oficiales dan por lo menos dos veces al día.

Se habrán fijado que nunca se hacen responsables de lo que dicen: se escudan siempre en organismos científicos, si puede ser, internacionales; que suelen empezar con una buena noticia, el descenso de las muertes o el número de contagiados, y al llegar las malas, advierten de que en tal o cual país (Estados Unidos, Italia) les ha ido peor.

Su ductilidad dialéctica les hace pasar de estar varios días anunciando «hemos doblado la curva» a «estamos doblando la curva» (o sea, estamos aún en ella) cuando los datos se tuercen. Lo que nunca harán es admitir errores, todo lo más «actuamos según las instrucciones de las autoridades médicas» y cada parrafada que sueltan termina con un «estamos haciendo cuanto podemos dada la situación», «nadie se quedará atrás» y «nuestro corazón está con las víctimas».

Ni uno sólo de ellos, o ellas, nos ha explicado que «se adelantarán a los demás en las medidas antivirus», pero mandarán a los sanitarios a detenerlo sin el equipo adecuado. Ni qué pasó con los test comprados que resultaron inservibles.

Ni cómo se están repartiendo mascarillas cuyo efecto dura sólo 4 horas. Ni que el precio de las mismas se multiplicase hasta un 100%. Ni quiénes fueron los agentes. Ni por qué se ha reanudado la actividad en la construcción y la industria sin tener garantizada la salud de los operarios.

Ni quién lleva la política económica, Pablo Iglesias, Nadia Calviño o Iván Redondo, pues da la impresión de que todo se mueve según el asesor del presidente que haya visto en las encuestas aquella mañana.

Cuando se cumple un mes de la declaración del estado de alarma y la pandemia supera ya los 18.000 muertos, con la advertencia de que el confinamiento puede alargarse más de lo previsto, a Pedro Sánchez sólo se le ocurre pedir unos nuevos Pactos de La Moncloa, algo así como pedir la Luna al no darse las circunstancias, la atmósfera ni los personajes, muy inferiores a los de aquel tiempo.

Es una situación que sólo puede empeorar. Y la causa es que el hombre al frente del país no tiene ni la capacidad, ni la visión, ni el valor, ni el carisma para afrontar una crisis como ésta. Lo único que tiene es facha y osadía.

Eso no basta hoy ni para llevar una Junta de vecinos.

José María Carrascal ( ABC )

viñeta de Linda Galmor