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Recuerda el chiste judío: dos vecinos van al rabino a solucionar su disputa. El primero expone sus razones y el rabino le dice: «Tiene usted razón». Expone el otro las suyas y el rabino le dice lo mismo. «¡Pero rabino -exclama un testigo-, no puede dar la razón a los dos!». Y el rabino le suelta: «Pues usted también tiene razón».

Es lo que ha hecho la Comisión Europea en la disputa de dos de sus miembros más débiles: mantener en el Acuerdo de Retirada del Brexit los dos artículos favorables a la tambaleante Mrs. May y añadir aclaraciones que favorecen al asediado Sr. Sánchez. Con lo que ambos pueden cantar victoria, cosa que se han apresurado a hacer.

La una, diciendo que la posición del Reino Unido en Gibraltar no ha variado; el otro, presumiendo de victoria histórica en el secular contencioso. Y lo más chusco es que la oposición acusa a la primera de haber vendido una de las joyas de la Corona, mientras al segundo le acusan de haberse bajado los pantalones. ¿Quién tiene razón? Pues, como en el chiste del rabino, ambos, al tener argumentos para defender sus relatos.

Es verdad que los dos artículos controvertidos del Acuerdo se mantienen literalmente, respaldando las tesis británicas. Pero no menos cierto es que los documentos adjuntos respaldan las tesis españolas. Con lo que nos quedamos como estábamos, sólo que más confusos. Se ha evitado un Brexit a cara de perro, pero los problemas vendrán al debatir los detalles.

Es lo que temo al ser los ingleses mucho más duros en este tipo de lances, aparte de estar unidos en lo fundamental: Our country first, han gritado antes que Trump. Mientras muchos españoles creen que Gibraltar es un invento de Franco a liquidar, los ingleses consideran The Rock tan británica como Manchester, pese a ser una colonia y estar a miles de millas, por el que se batirán como si fuera su equipo favorito.

Sin atenerse a ninguna regla (alguno me dirá que los ingleses inventaron el fair play. Sí, pero para los demás, no para ellos). Sólo respetan una cosa: la fuerza. Seguro que, de ser España China, nos hubieran devuelto Gibraltar hace tiempo. Lo único que juega a nuestro favor es que ese Acuerdo tiene más críticos que defensores. De entrada, aquellos europeos convencidos de que se han hecho demasiadas concesiones al Reino Unido, hasta el punto de recibir mejor trato que países con tratados semejantes con la Unión Europea, como Canadá o los escandinavos.

Vienen luego quienes sospechan que los ingleses buscan prolongar indefinidamente el periodo de salida (a terminar en 2022), para obtener lo que siempre desearon: libre tráfico de mercancías, pero no de personas ni estar sometidos a las normas y tribunales europeos.

En el frente doméstico, laboristas, liberales y norirlandeses ya han dicho que no. Quedan los más bravos: los conservadores de pura cepa, que aborrecen a Europa y no quieren saber nada de ella, pero son los que pueden salvarnos de ese Acuerdo que no es acuerdo, sino un trampantojo.

José María Carrascal ( ABC )

viñeta de Linda Galmor