EN 2019, A VOTAR

Si 2018 ha sido el año de los engaños, 2019 promete ser el de la verdad. Porque a lo largo de la próxima primavera los españoles vamos a poder al fin votar y emitir nuestro veredicto. No en unas elecciones generales, como quisiéramos, pero sí en unas municipales y autonómicas de ámbito nacional, así como en unas europeas de circunscripción única enormemente útiles para medir el estado de opinión de la ciudadanía.

(El auténtico, se sobreentiende, no el que pretenden hacernos creer las encuestas hipercocinadas del CIS). 2019 va a marcar un punto y aparte en la deriva de nuestra Nación. Probablemente un pendulazo de esos que nos son tan propios. Un «vista a la derecha», en expresión de Jaime Mayor, consecuencia lógica e inevitable de los excesos de una izquierda no solo radicalizada hasta extremos grotescos en cuestiones como la «ideología de género», sino rendida al separatismo empeñado en destruir España.

En 2019 van a ponerse muchas cartas boca arriba. Pedro Sánchez se las promete muy felices, atrincherado en el despacho merced a sus pactos vergonzosos y vergonzantes, pero le espera una pesadilla. Andalucía ha sido solo el principio.

2018 será recordado como el año de la moción de censura o de la infamia, ya que una no habría sido posible sin la otra. Nunca antes había prosperado el recurso a esta herramienta parlamentaria, entre otras razones porque ningún partido político había estado dispuesto a entenderse con secesionistas para torcer la voluntad mayoritaria del pueblo.

El actual líder del PSOE no vio inconveniente alguno en hacerlo y, llevado por la ambición de poder, llegó hasta el extremo de inclinarse ante los cabecillas del golpismo catalán y enviar a su representante en el País Vasco, Idoia Mendía, a compartir mesa, mantel y risas con el etarra Arnaldo Otegui. Mesa, mantel y risas con un secuestrador que jamás ha condenado la barbarie de la banda terrorista.

Mesa, mantel y risas con el compañero de andanzas de los asesinos de Fernando Múgica, Fernando Buesa o Ernest Lluch, entre otros socialistas abocados a revolverse en sus tumbas. Rara vez tuvo un sentido más pleno la expresión «vender el alma al diablo».

Ahora, en 2019, es menester rendir cuentas. El flamante presidente sabe que esa transacción suya ha de traer consecuencias y prefiere que las arrostren otros. A la indignidad suma la cobardía. Perdido el honor ¿qué más le da? Para resistir unos meses más en La Moncloa sacrificará a sus barones regionales y a sus peones municipales.

Los arrojará a la hoguera de la indignación popular. Alimentará el crecimiento de una derecha montaraz, surgida como reacción natural a los complejos del marianismo, a la que demoniza de boquilla mientras engorda conscientemente sus filas desenterrando el cadáver de Franco, reabriendo heridas cerradas o humillando el sentimiento patriótico de millones de españoles al ceder ante las exigencias de un independentismo crecido que no deja de insultarnos. Sánchez es el mejor aliado de Vox. Su más firme sostén. Cuanto más tiempo permanezca al frente del Gobierno, mejor les irá a los de Abascal en las urnas.

Isabel San Sebastián ( ABC )
viñeta de Linda Galmor