EN CANCHA AMIGA

El refrán sostiene que «segundas partes nunca fueron buenas». Pero no es necesariamente cierto. Ahí está «El Padrino 2», donde Coppola tentó un doble salto mortal, cruzando historias y tiempos, y salió airoso filmando la que para muchos es la mejor entrega de su trilogía.

Esta vez no cayó esa suerte. El formato elegido -periodistas de parte preguntando a los candidatos- sesgó el debate y lo convirtió a ratos en un correcalles (por no hablar de la árbitra de filias al rojo vivo, que planteó varias preguntas que eran directamente salvavidas lanzados al rescate de un atribulado Sánchez).

La manipulación de la velada llegó al extremo de que a las doce menos cuarto de la noche, con parte del público ya rumbo a la cama, todavía no se había tocado la mayor amenaza que soporta España, el desafío separatista. Era el punto débil de Sánchez, por lo que tocaba escamotearlo todo lo posible. Nuestra democracia es de tal calidad que el libro de memorias del presidente ha sido editado por la compañía que organizó el debate electoral.

El nivel fue de nuevo flojo en lo que hace a hablar de los problemas de los españoles y sus soluciones. Un ejemplo de esa inanidad llegó cuando se les preguntó sobre cómo hacer viable el sistema de pensiones. Iglesias: «Las pensiones tienen que ver con la calidad del empleo».

Una perogrullada. Y acto seguido, su plan: gastar sin control ni cerebro. Sánchez: «Tenemos que hacer sostenible nuestro sistema público de pensiones» (gracias, pero hasta ahí ya llegamos). ¿El plan de Sánchez? Poner por escrito en la Constitución que las pensiones están blindadas, como si la letra constitucional crease por si sola una realidad contable.

Rivera: «Me comprometo a ser el presidente de las familias y los contratos de calidad». Más allá de su gesticulación efectista y huera, eso es todo lo que acertó a decir sobre el problemón de su sostenibilidad. Casado: «¿Cómo se crea empleo? Bajando impuestos», magra respuesta también.

¿Ganadores y perdedores? Sánchez, un dialéctico flojo, que por su egotismo sufre al verse cuestionado y se enfurruña, sale vivo. Aunque recibió un repasillo, Casado y Rivera no lograron un movimiento de jaque mate. Rivera, ganador el primer día, sobreactuó en exceso, rondando la descortesía con sus interrupciones marrulleras y muchas de sus propuestas sonaron a respuestas de catálogo.

Iglesias se presentó en plan ponderado Dalai Lama, y con el gallinero que allí había, a ratos hasta daba el pego. Iglesias echó más de un capote a Sánchez, porque sabe que si Pedro no flota Pablo naufraga. Casado probablemente ganó el debate. Se tomó el cafelín que le faltó el primer día y anduvo más vivaz; además resultó el más articulado en sus propuestas. ¿La humorada de la noche? Sánchez llamando mentirosos a los demás.

Luis Ventoso ( ABC )
viñeta de Linda Galmor