EN EL DÍA DE HOY, EXHUMADO EL CADÁVER DE FRANCISCO FRANCO…

Los antifranquistas a título póstumo, que jamás levantaron la voz contra el dictador, fuese por edad o por cobardía, celebran hoy su «gran victoria» frente a él, cuarenta y cuatro años después de su muerte, acaecida en su cama y seguida de un duelo nacional que llevó a cientos de miles de españoles a rendirle homenaje.

Yo entonces era una adolescente residente en el extranjero, pero conservo vivo el recuerdo de las imágenes mostradas en televisión y quienes formaban esas largas colas no daban la impresión de haber sido coaccionados para acudir a despedirse.

El Gobierno de 1975, de acuerdo con el Jefe del Estado, Juan Carlos I, decidió sepultar sus restos en el Valle de los Caídos, sin que Francisco Franco, que sepamos, hubiera manifestado nunca tal deseo. Esas mismas autoridades, en colaboración con las Cortes franquistas, acometieron de inmediato la tarea de conducir a España de la Ley a la Ley a través de la Ley y lograron llevar a cabo una Transición ejemplar, que se estudia en las universidades como modelo de implantación democrática pacífica tras largos años de régimen autoritario, sin más sangre que la derramada por ETA y otros grupos terroristas.

Una Transición lograda a costa de la renuncia voluntaria al poder de quienes lo detentaban ilícitamente y de un gran pacto tácito entre españoles, decididos a enterrar para siempre la Guerra Civil, cerrar heridas, mirar al futuro y construir juntos en libertad… hasta que Zapatero parió su infame Ley de Memoria Histórica y su aventajado alumno, Pedro Sánchez, se hizo con La Moncloa.

En el día de hoy, exhumado el cadáver de Francisco Franco, los socialistas han alcanzado sus últimos objetivos propagandísticos con vistas a las elecciones del 10-N. Cataluña sigue en llamas.

La maniobra es muy burda. ¿Alguien cree de verdad que al actual líder del PSOE le importan la dignidad, la democracia o la moralidad que tanto invoca alardeando de lo que ha mandado hacer? Incluso su predecesor al frente del PSOE tenía más convicciones que él. O mejor dicho, más sectarismo.

En su caso, sacar a Franco de su tumba era un pueril intento de ganar siete décadas después esa terrible contienda que perdieron todos los españoles, vengar a su abuelo, regresar a la fallida Segunda República y reescribir la Historia a su gusto. Sánchez se limita a buscar votos y dividir a su principal adversario, a ver si consigue de una vez la mayoría suficiente para gobernar que se empeñan en negarle las urnas.

Ha resucitado al dictador, que llevaba lustros sin ocupar el menor espacio en nuestras preocupaciones, con el afán de despertar a una extrema derecha felizmente dormida o integrada en partidos de naturaleza irreprochablemente democrática, azuzarla, provocar su enfado y alentar una reacción a ser posible violenta, susceptible de asustar lo suficientemente a la izquierda como para llevarla a votar en masa. Algo ha conseguido, no cabe duda, aunque mucho menos de lo que esperaba.

De momento, los únicos que incendian las calles y desafían el marco constitucional son los independentistas catalanes, ante quienes se muestra «moderado», sabiéndose rehén de sus escaños. Fuerte con el dictador muerto y débil con los sediciosos vivos. Ése es el presidente en funciones.

Isabel San Sebastián ( ABC )

viñeta de Linda Galmor