EN ESE TITANIC VAMOS TODOS

No por manida, la metáfora del Titanic deja de impresionar. Casado culminó con ella el miércoles una réplica parlamentaria cargada de intensidad: el coronavirus es el iceberg, del que sólo hemos visto la parte emergida.

Sánchez, el capitán que, como el barbudo Edward John Smith, no fue capaz de evitar el choque y asiste impotente al hundimiento del barco de su gobierno, empeorando hora a hora las cosas con torpes maniobras contradictorias, sin tan siquiera ser capaz de gestionar adecuadamente el salvamento del pasaje.

A falta de cualquier mecanismo legal que permita sustituir a este Gobierno por otro y dando por no escuchada la consigna de «elecciones ya», pues no hay reiteración que blanquee una sandez, Casado está atrapado en un conflicto de suma negativa.

No hay manera de ayudar a la nación en su conjunto sin ayudar a Sánchez, mediante la mano tendida de los pactos que requiere. Y, sensu contrario, no hay manera de dejar que Sánchez se hunda, como tal vez merezca, sin que España entera se vaya a pique.

Den por seguro que su determinación a aferrarse al poder le llevaría a honrar la tradición de que el capitán es el último en abandonar el barco. O sea, cuando ya estemos en el fondo del océano y el coste en todos los órdenes sea tremendo e inexorable.

Pedro J. Ramirez ( El Español )