EN SU PROPIA TRAMPA

Suelen los pícaros caer en sus picardías, ¿recuerdan al Lazarillo, las uvas y el ciego?, y le ha ocurrido a Pedro Sánchez: engañó a todos, lográndolo, y ahora todos le pasan factura. Retrasó las elecciones hasta ocasión más propicia que el juicio del procés, como le aconsejaba Redondo, y se encuentra con una Cataluña en abierta rebeldía.

Creyó, como le decía Tezanos, que sacaría muchos más votos, y sacó menos, ¡anda que se han lucido sus brujos! Pero no es hombre que se desanime y busca escaños hasta debajo de las piedras, pues los números no dan para la investidura.

A hablar con Rufián despachó a una de sus recaderas, Adriana Lastra (la otra es Carmen Calvo, ahí se las den todas), pero los de ERC, sintiendo en el cogote el aliento de JpC y de la CUP, que tras anunciar su «no» rotundo a Sánchez, se disponen a acusar de traidores a los republicanos catalanes si pactan con él, le piden lo que no puede darles: una mesa de diálogo en la que se aborde un referéndum de autodeterminación y la amnistía de sus líderes juzgados y condenados.

Algo así como ofrecerles que elijan la forma de morir; ahorcados o fusilados. Puede imaginarse la alternativa que la señora Lastra, «tan roja como la ropa que visto» según ella misma reconoce, planteó a Rufián y sus cofrades: «Somos nosotros o la derecha capitaneada por Vox, elegid».

De momento siguen en el «no» y va a ser difícil moverles de él. Del resto de los minipartidos con uno o dos votos, puede decirse lo mismo: preguntarán: «¿Qué hay de lo mío?», cuando les pidan su voto, advirtiendo que no hay nada gratis. Con otra característica, si cabe más peligrosa: ya por su ADN izquierdista, ya por su fuerte contenido regionalista o localista, esos partiditos sienten hacia Madrid, que identifican con España, una tremenda desconfianza. Y Pedro Sánchez, quiera o no quiera, la representa.

Para resumir: que buscando una presidencia fácil, cómoda, en áulica soledad, Sánchez se encuentra con una escena política española mucho más abigarrada y recelosa que la que tenía a principios del verano.

Ni siquiera el PNV, que acaba de perder un escaño en el recuento, le asegura su endoso automático, por lo que, en el mejor de los casos, aumentará el precio de su «sí», como si la tercera vicepresidenta, la sra. Calviño, encargada de la economía, no tuviera bastante con torear las demandas «sociales» de Iglesias, dispuesto a cargarse la reforma del mercado laboral de Rajoy, lo que aterra a los empresarios, y la nacionalización de algunos bancos, que ahuyenta a los inversores.

Todo esto era previsible, diría incluso inevitable, a la luz de la experiencia y de la aritmética más elemental. Pedro Sánchez tiene muy difícil ser revalidado presidente en la primera votación y difícil en la segunda, sin que le sirva el argumento de «no podemos ir de nuevo a otras elecciones» ya amortizado. Pero él, y sólo él se lo buscó.

José María Carrascal ( ABC )

viñeta de Linda Galmor