EN SU PROPIA TRAMPA

Todo lo que tiene de tenaz, lo echa a perder su ambición desaforada y unas prisas desmedidas, que en la inmensa mayoría de los casos llevan, como al conducir, a estrellarse. Él, por lo pronto, ha fracasado en su primer objetivo. Y miren que lo tenía a mano: había logrado una desahogada victoria el 28-A, su rival de la izquierda quedaba a su antojo, tras un severo retroceso, y la derecha está demasiado ocupada en sus peleas internas para preocuparle.

Es más: por primera vez podía gobernar sin acudir a la ayuda de los nacionalistas, cuyos egoístas intereses habían desangrado a todos sus antecesores en la Presidencia de Gobierno. Para resumir: un escenario ideal para todo inquilino de La Moncloa.

Lo malo es que Pedro Sánchez no se contenta con ganar, lo quiere todo, además, ahora mismo. Esa codicia ya le ha jugado alguna mala pasada, como cuando intentó montar una falsa votación en un consejo extraordinario de la cúpula socialista, que le envió a la calle, donde se pasó meses cortejando a la militancia hasta recuperar la secretaría general del partido, pues tenacidad, como queda dicho, no le falta. Puede que le sobre.

Ahora, con todo a su favor, se ha vuelto contra él. No bastándole con dominar el Congreso, se empeño en controlar el Senado, algo que podía hacer con los escaños obtenidos, pero quería aprovecharlo para dar jaque mate al problema catalán, usando a su peón alli, Miquel Iceta, personaje que nada entre las aguas de Cataluña y España, con fórmulas ambiguas de soberanismo y federalismo.

Estaba seguro de conseguirlo porque también el nacionalismo catalán, pese a haber ganado escaños el 28-A, ha retrocedido en respaldo popular. Era, además, la mejor oferta que podía recibir de Madrid. Sin embargo, ha dicho que no, que no respalda a Iceta al frente del Senado, con todo el mundo preguntándose cómo es posible.

Cuando la respuesta no puede ser más simple: porque no se fía de Sánchez, porque sabe que su único objetivo es permanecer al frente del Gobierno español y si para eso es necesario aplicar de nuevo el 155 lo aplica. Sánchez ha caído en su propia trampa como ayer les sugería.

Lo peor, para él, es que su primera gran decisión en su nuevo mandato ha sido un fracaso y no podrá contar con la coalición que echó a Rajoy de La Moncloa y le permitió a él entrar por la puerta trasera ni gobernar en espléndida soledad como pretendía. Su mayor preocupación ahora es que no le ocurra lo mismo con Iglesias, que tampoco se fía de él, aunque su precaria situación le obliga a aceptar su liderazgo.

Pero ya no será lo mismo: Sánchez tendrá que adoptar una política claramente de izquierdas, en vez de sestear en el cómodo centro. Me lo imagino trazando febrilmente nuevos planes con sus consejeros para que este traspiés no arruine el montaje que habían orquestado, y empiezo a pensar que la providencia ha salvado una vez más a España de sí misma.

José María Carrascal ( ABC )

viñeta de Linda Galmor