ENANTIODROMIA

Me chiflan las palabras difíciles. La que hoy figura aquí es una de ellas, pero viene al dedillo en lo que atañe a las dos personas que a lo largo de octubre han acaparado la atención de todos. Con ellos nos acostábamos y con ellos nos levantábamos. Persona, lo que se dice persona, sólo lo sigue siendo Rajoy, máximo representante de la España de la ley y de la idea. El otro -Puigdemonio- tira más a personaje de la España de sardana, segadors y pandereta: un muñeco de hojalata en el pimpampún separatista. Enantiodromia viene del griego y significa, si atendemos a su etimología, correr en sentido contrario, pero por extensión semántica -la que Freud y Jung le confirieron- ha pasado a designar la transformación de algo en su opuesto.

Nada define mejor lo sucedido en el ridículo Armagedón librado en Cataluña. Las fuerzas del Mal, capitaneadas por Puigdemonio al frente de los Mozos de Cuadra y de los gamberros antisistema con el apoyo exterior del maquis podemita, han hecho un pan (tumaca) con unas hostias (las que les van a dar). A las del Bien, con Rajoy encabezando el Estado Mayor y de Derecho junto a Rivera y Sánchez, la ofensiva les ha salido redonda. No sólo Cataluña seguirá siendo lo que desde Tarraco, Carlomagno y Wifredo el Velloso ha sido, sino que España, que corría el riesgo de dejar de serlo, ha despertado de su atonía y ha vuelto a ser española.

Como decía el cuplé: «De España vengo, / de España soy, / y mi cara serrana / lo va diciendo / que he nacido en España / por donde voy». Bueno es recordar, decía Machado, las palabras viejas que han de volver a sonar. Gracias a Puigdemonio, aquí las tenemos. Constitución, himnos, pasodobles, la Legión, banderas al viento… ¿Era necesario, ex president, montar este zafarrancho de fogueo del que su región sale empobrecida, dividida, escarnizada y maltrecha para volver con la estelada entre piernas al punto de partida? ¿No debería haberse quedado quietecito? ¿Está orgulloso de tanta alforja para tan magro viaje y de tanto ruido para tan pocas nueces?

 No le deseo la cárcel, aunque la tiene de sobra merecida, pero no le vendría mal pasar una temporada en ella para que, hastiado de su personaje, se transforme en persona de bien. La enantiodromia que le asigno vale también, en sentido inverso, para Rajoy, que hasta hace una semana sólo era un político y ahora es un estadista. Bienvenido a la Historia de España, Presidente. Acaba usted de entrar en ella.

Fernando Sánchez Dragón ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor