ENCERRONA

La encerrona que Pedro Sánchez preparó a Pablo Casado tenía marca de la casa: si aceptaba participar en los nuevos Pactos de la Moncloa no sólo quedaba a merced de lo ya decidido por el Gobierno, sino también le absolvía de los muchos y graves errores cometidos en la crisis del Covid-19. Pero si la rechazaba quedaría como mal patriota y peor gobernante, dado el mítico prestigio de tales pactos, cimientos de la Transición democrática.

El líder del PP escapó de la trampa por el único agujero posible: aceptó el pacto, pero no en el formato ofrecido: una mesa con cuatro grupos de trabajo -sanitario, económico, social, europeo-, controlada por el Gobierno y los partidos que le apoyan.

Casado se plantó: sólo aceptaría una comisión parlamentaria encargada de alcanzar los mismos fines, pero nunca con partidos abiertamente anticonstitucionales, como Bildu o la CUP. Con una crucial novedad; los grupos estarán integrados proporcionalmente a la representación parlamentaria.

Lo que cambia la situación: Sánchez tendrá mucho más difícil controlar las mesas, ante la desconfianza cada vez mayor de los nacionalistas vascos y catalanes, mientras Vox parece dispuesto a unirse al centro-derecha contra él, siempre que Arrimadas no quiera suicidarse como Rivera, pero ahora ayudándole.

¿Por qué Sánchez ha aceptado lo que es una derrota? Pues porque no le queda otro remedio. Nadie mejor que él sabe que sin el PP cualquier pacto a escala nacional no funciona. Repetir los de La Moncloa fue una bravata: no se dan las circunstancias ni las personas.

Iglesias no es Carrillo, ni él es Felipe González, ni Casado, Suárez. Sólo compartiendo los errores cometidos con el Covid-19 pueden hacérselos perdonar, como sólo con los eurobonos o algo parecido podrá España salir del enorme agujero en que va a dejarla su gestión. Pero él es un superviviente, y nunca se da por vencido, así que, de momento, ha aceptado la oferta de Casado, tras caer en la celada que le había tendido.

Imagino que pensará también en aquello «la mejor forma de eternizar un asunto es encargarlo a una comisión parlamentaria», y él necesita tiempo para recuperarse. Pero ni el coronavirus espera ni la situación económica española mejora.

Al contrario, todo apunta que va a empeorar, además a ritmo acelerado. Pero peor estaba cuando su partido poco menos que defenestró, y ya ven donde está, en La Moncloa y menos dispuesto a dejarla que nunca.

Tiene, además, el apoyo incondicional de la extrema izquierda y de cuantos desean cambiar España de arriba abajo, que saben es el único dispuesto a darles lo que buscan. Una salida sería dejarles plantados y pasarse al otro bando.

Lo que acaba de hacer es un paso en ese sentido. De hecho, el gran perdedor del último lance no es él, sino Iglesias. Pero ha ido demasiado lejos y ese doble salto mortal le serviría de poco, pues perdería el resto de su crédito.

Pero gentes como él siempre confían en engañar a todos incluidos ellos mismos.

José María Crrascal

viñeta de Linda Galmor