ENCUESTAS Y FALACIAS

Estamos gobernados por encuestas. Todos, partidos, autonomías, España. Un error político más grave que un delito. No porque las encuestas sean sólo «la foto en un momento dado», sino porque esa foto ni siquiera es correcta.

Al preguntársele, el encuestado responde lo que desearía que ocurriese, no lo que votará, que puede aún no sepa. Aparte de que la respuesta está condicionada a cómo se formula la pregunta. Lo advirtió ya Camba: «Con un millón de pesetas, me comprometo a hacer de Getafe una nación».

Es precisamente ese timo de las encuestas lo que las ha hecho tan queridas por los políticos y sus coros mediáticos, que las convierten en instrumentos de la campaña electoral, como estamos ahora. A la cabeza, la del CIS. El único valor de una encuesta es señalar una tendencia, pero Tezanos cambia su método en cada muestra, lo que impide ver su dirección.

En la última, tocaba dar un triunfo aplastante de Sánchez, que se contradice con la escasa distancia que saca a sus rivales directos. Todo apunta que se trata de crear un ambiente de victoria segura para forzar a Iglesias a apoyar su investidura sin entrar en el Gobierno, al tiempo de evitar nuevas elecciones, que empiezan a temer.

¿Recuerdan que Sánchez aseguró con la cara más seria que su investidura sería la única, en otro caso, elecciones? Sin embargo, una hora después de perderla, ya estaba anunciando contactos para repetirla. Su falacia no acaba ahí sino que insiste en el «modelo portugués» de gobierno, unipartidista y programa compartido.

Cuando el modelo portugués es gobernar la izquierda con programa de derechas, a lo que se opone Iglesias, que teme perder no sólo el cuerpo, sino también el alma. Su socio preferente y rival efectivo tiene más trampas que el baúl de un prestidigitador.

A día de hoy, la pregunta es: ¿resistirá Iglesias las presiones que recibe de todas partes, empezando por sus filas, para que apoye la investidura de Sánchez sin entrar en su gobierno ni decidir su programa? Lo tiene crudo porque si accede, puede olvidarse de ser presidente y si no lo hace, le achicharrarán. Algo así como elegir entre la sartén y el fuego. En tales condiciones, las de un desesperado, resulta imposible hacer vaticinios.

Quedan todavía otras importantes incógnitas en el aire. Por ejemplo, una cosa es que Sánchez logre ser investido a trancas y barrancas y otra muy distinta que pueda gobernar. Pues Iglesias no va a ser un socio fácil sino todo lo contrario: procurará demostrar que la verdadera izquierda es la suya. Como los secesionistas intentarán vender lo más caro posible su apoyo.

Una pejiguera. Aunque el verdadero elefante puede ser el ralentizarse de nuestra economía, de lo que ya hay los primeros síntomas. Un dato basta y sobra: el déficit estatal de la primera mitad del año ha subido un 27%.

Y es que los presupuestos de Rajoy no duran eternamente. Como la capacidad sanchista de dar el pego. ¡Qué jefe de protocolo diplomático se ha perdido!

José María Carrascal ( ABC )

viñeta de Linda Galmor