La ministra Irene Montero debería ir pidiendo hora en el psiquiatra, en el juzgado de guardia y en la asociación de pederastas, donde seguro la recibirían con los brazos abiertos y no le cobrarían la cuota anual que les facilita a sus asociados la posibilidad de cometer delitos sexuales contra menores, aunque yo creo que la visita más urgente debería hacerla al área de salud mental del Hospital más cercano a su domicilio.

Digo esto porque ha declarado que los niños menores de edad tienen derecho a mantener relaciones sexuales consentidas con quieres quieran, sin que nadie pueda limitarles esa posibilidad aceptada libremente.

Irene Montero es madre de tres niños a los que ama y con toda seguridad, y jamás permitiría que nadie les hiciese daño, y por esa razón no la culpo por una supuesta maldad moral, sino que sencillamente subrayo que está enferma, porque en el caso de que estuviera en sus cabales podría ser imputada por un supuesto delito de incitación al abuso sexual de menores.

Hay obsesiones que algunos llevan al ejercicio de la política y que rozan el código penal, pero yo prefiero oír a Alberto Garzón   recomendando que no comamos carne, aunque él se pusiera ciego a chuletones el día de su boda, a Yolanda Díaz haciendo su habitual pase de modelos y diciendo frases huecas, a María Jesús Montero frivolizando sobre la economía, a Marlaska arrastrando una soga de presos hasta las cárceles de Euskadi como paso previo al ongi etorri a los etarras en sus pueblos, que ver el video en el que Irene Montero exige que todo el mundo respete el derecho de los menores a tener sexo con persona mayores, sin que no siquiera sus padres estén habilitados para impedirlo.

La mentalidad comunista convierte en natural cualquier aberración, pero para ser justos no me consta que el abuso sexual de menores sea una práctica inspirada por esta ideología política, aunque no les hacen asco a otro tipio de abusos cintra menores como es el trabajo forzoso.

Me provoca una rebeldía sin límites la ausencia total de moral o de ética humana que algunos miembros de este gobierno promueven o consienten al guardar un cobarde silencio.

No me ha dado tiempo a buscar datos que confirmen o desmientan si en algún país democrático existe algún demente o inmortal en sus gobiernos que se haya atrevido a hacer una declaración pública en favor de la libertad de menores para mantener relaciones sexuales con adultos, y al hablar de menores me refiero a niños de ambos sexos y no a adolescentes que rozan la mayoría de edad.

Algo huele a podrido y no hay que buscar en muchos sitios porque el foco está en el Palacio de la Moncloa.

Diego Armario

viñeta de Linda Galmor