Desde las primeras semanas de pandemia percibí dos hechos que desgraciadamente se convertirían en una grotesca realidad.  La evidencia de que ninguno de nuestros políticos estaría a la altura de las circunstancias y que por ello responderían frente a la pandemia tirándose los trastos  a la cabeza.

Desgraciadamente las cifras de salud y las económicas sociales nos muestran con toda su dureza el resultado de semejante fiasco de gestión, tanto estatal como autonómica.

Pero, además, el virus ha afectado el cerebro de nuestra clase política y muestran todos comportamientos alucinantes. El alcalde de Vigo se gasta un millón de euros en plena pandemia con la  iluminación navideña y recomienda a sus vecinos no ir a verla, supongo que, por el virus, vayan ustedes a saber, pero creo que lo hace para reírse de propios y extraños.

El alcalde de Madrid que, sin duda, mostró cordura y buen hacer las primeras semanas de pandemia se ha ido echando a perder progresivamente. Nos suelta el pasado fin de semana la fresca, la recomendación en tiempos de covid de salir, de aglomerarnos, de no estar en casa. No sé lo que hará si apareciera un pico de casos en la capital  a los 15-30 días de esta recomendación.

Y de Ayuso, ¿qué me dicen? Ella se ha dado cuenta que su mejor aliado para ganar peso político no es hacer las cosa como Dios manda. Es más fácil estar todo el día de bronca contra Sánchez e Illa, llevarles la contraria en todo.  Pensará, después de darle unas vueltas al asunto, que como los dos socialistas son un desastre, haciendo lo contrario que ellos, acierta. No contenta con esto, hace unos días soltó la perla de que Madrid es un paraíso de libertad.

Con más de 12.000 fallecidos por covid una comunidad es cualquier cosa menos un paraíso y mucho  menos de libertad. Supongo que esta afirmación, la de Ayuso, solo la puede hacer quien paso la covid en un dúplex de lujo y quien teniendo competencias desde el primer día de pandemia en materia de sanidad y asuntos sociales, necesita purgar sus culpas.

Desgraciadamente la insolación epidémica de la que hacen gala los malos, los izquierdosos es todavía peor. Han decidido que mientras España es el tercer país del mundo con más muertes por coronavirus por número de habitantes, lo correcto es aprovechar para cargarse el castellano como lengua universal, en su propia cuna. Supongo que ellos no buscan enmendar su letal comportamiento si no que descaradamente aprovechan el shock social para imponer su ideología.

Como España ha perdido 57 millones de turista internacionales en los diez primeros meses del año, pues se alían con independentistas y sediciosos para sacar adelante una M de presupuestos.  Sospecho que  no lo han  hecho por el presupuesto si no para dar rienda suelta a su borrachera antiespañola.

No quiero pasar por alto a Margarita, la Ministra de Defensa. No le parece bien que unos Militares expresen su opinión libremente, en defensa de la Patria. Ella si puede hacer política y opinar a pesar de pertenecer a la carrera judicial. Dirá que está en excedencia. Y yo le digo que, esos Militares a los que desprecia estarán jubilados pero han demostrado que siguen siendo fieles al juramento que hicieron, lo cual reconforta.

Carlos Navarro Arribas ( El Correo de España )