ENTRE DESCARTES Y PUIGDEMONT

El término posverdad llegará oficialmente al idioma castellano el próximo mes de diciembre, cuando se incluya en la nueva edición del Diccionario que ultima la Real Academia. Pero ni que decir tiene que lleva años, siglos, instalado en el consciente individual y social.

Casi todo procede de aquel cogito ergo sum de René Descartes, allá por el siglo XVII, que separó la realidad del pensamiento -las cosas no son porque sean, sino porque yo las pienso-. Kant asumió ese postulado -vemos las cosas, no como son, sino como somos nosotros- y Hegel lo llevó al extremo al concluir que todo lo real es racional y que todo lo racional -lo que cabe en el pensamiento- es real.

Exactamente así definió la posverdad el director de la RAE, Darío Villanueva, el pasado junio, al referirse a “aquella información o aseveración que no se basa en hechos objetivos, sino que apela a las emociones, creencias o deseos del público”. Recordaba Villanueva cómo hoy en día “se acepta que lo real no consiste en algo ontológicamente sólido y unívoco, sino por el contrario, en una construcción de conciencia, tanto individual como colectiva” y consigue “hacer locutivamente real lo imaginario, o simplemente lo falso”.

Pues bien, Descartes, Kant, Hegel y sus discípulos se hicieron presentes el pasado domingo en la entrevista que Jordi Évole le hizo a Carles Puigdemont en Salvados.Fue todo un compendio de cómo la posverdad ha llegado al lenguaje y, algo más profundo, ha calado en el subsconciente personal y colectivo, del que, al fin y al cabo, el lenguaje es sólo su expresión.

Puigdemont hizo un alarde, respuesta tras respuesta, de ese “siempre tengo razón porque yo defino la realidad”. Y a partir de ahí daban igual las incongruencias… precisamente porque para él no son incongruencias. ¿Y qué si en su día votó no al referéndum de autodeterminación del Kurdistán? ¿Por qué no aceptar con toda naturalidad que se exija una mayoría parlamentaria más amplia para elegir a la dirección de la televisión autonómica que para votar la ruptura de Cataluña con el Estado?

Es legítimo ser independentista. Es lícito defender postulados separatistas, claro que sí,… pero con un poco de dignidad. Esa entrevista debería estudiarse en las facultades de Comunicación y de Políticas. También en las de Psicología. Porque cuando te crees tu propia posverdad es imposible la marcha atrás.

Hay otro fenómeno, mucho más anecdótico, pero representativo de esa tergiversación de la realidad que, a fuerza de repeticiones, intenta sustituirla. Ocurrió también el domingo, durante la Asamblea de cargos organizada por Podemos en Zaragoza. Hubo altercados y los allí congregados estuvieron retenidos durante un tiempo por motivos de seguridad. Estos sucesos fueron resumidos así por Pablo Echenique, secretario de Organización de Podemos, en un tuit: “Los nazis han herido a la presidenta de las Cortes de Aragón”.

Lo que había ocurrido esa mañana fue que unos centenares de exaltados de derecha -algún franquista entre ellos- se habían manifestado de forma agresiva y uno había lanzado una botella a la política. Algo que hay que condenar sin discusión. Pero la propaganda podemita no puede convertir a esos radicales en nazis. Los nazis idearon una industria de la muerte para exterminar a los judíos, a los gitanos, a los homosexuales… Compararlos con quien tira una botella de plástico es una necedad. Porque se banaliza el mayor horror del que ha sido capaz la humanidad hasta ahora. Quien coloca a un alborotador y a un asesino bajo el mismo patrón, a la larga, hace del asesino un simple alborotador. Riesgos de la posverdad.

Vivente Lozano ( El Mundo )

viñeta de LindaGalmor