ENTRE EL DRAMA Y EL RIDÍCULO

Andaba yo ayer en plácida charla con mi amigo Luis Pérezagua, actor de argumentos sólidos arriba y abajo del escenario, cuando transitó por nuestras cercanías una dama portadora de valores indiscutibles.  Ella era consciente de sus méritos y los paseaba con una cierta conciencia de pertenecer a una raza superior, porque si existe un símbolo de excelencia envidiado incluso por quienes lo critican, es un buen culo.

En la historia del espionaje internacional más de un personaje principal ha perdido los papeles que debían guardar con celo a causa de esa manía incontrolable de adorar semejante parte de la anatomía ajena,  y ésa es una adicción que no se cura ni con los años, como refleja a anécdota que relato a continuación.

Cuentan que una noche estaban cenando en Tel Aviv, Ariel Sharon y Silvio Berlusconi.  El  ahora ex primer ministro italiano, fiel a su estilo, no dejaba de mirarle el culo a una israelita, vestida con un pantalón ceñido que servía la mesa,  y ante el gesto de disgusto de Sharon, il cavaliere se disculpó con el judío diciéndole que a su edad sólo pecaba con la vista, a lo que el otro respondió: “Pues no es eso lo que me cuenta el Mossad”.

A Luis y a mí no nos espía nadie, pero si el Centro Superior de Inteligencia tuviera un rato para ocuparse de nosotros descubriría que somos grandes aficionados a ese arte, observado desde la barrera.

De todas formas hablando de culos y razas superiores, en las últimas horas un tonto del culo independentista llamado  Quim  Torrá, que afirma pertenecer a un club de excelencia física e intelectual como se acredita en la foto que acompaña este texto,  ha dicho que quiere presidir la Generalitat de Cataluña porque se lo ha pedido otro personaje,  exponente de excelencias mentales y estéticas.

Yo me pregunto cómo es posible que existiendo señoras tan guapas en Cataluña, hayan decidido dedicarse a la política, en las filas del independentismo, tipos y tipas tan horripilantes, que encima dicen que proceden genéticamente de los países nórdicos.  Parece evidente que en Cataluña escasean oftalmólogos y psiquiatras.

Pero como de costumbre me he desviado del asunto principal que me había traído aquí, que no es otro que la afición de comediantes y literatos  a poner en su justo valor la estética de un buen trasero.

Entre el humor y la tragedia siempre elegiré la sonrisa, porque entre el drama y el ridículo que practican los más feos de mente y de faz, no sabe uno a qué carta quedarse, aunque yo soy como el carpintero que estaba arreglando un confesionario y se le acercó un penitente que se auto inculpaba de ser un masturbador compulsivo. El operario le dijo: “A mí como si se la machaca. Yo estoy arreglando este garito”

Diego Armario