Son como hienas y no les importa la verdad, sino acabar con Almeida

Una llamada del alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, agradeciendo a Luis Medina la donación de 183.000 mascarillas al consistorio ha servido a la izquierda y a sus terminales mediáticas para tratar de inculparle en el caso de las comisiones.

El argumento es sencillo: la llamada telefónica es la prueba de su connivencia con los imputados. Les da igual que la Fiscalía haya descartado la existencia de cualquier delito por parte de ningún responsable del Ayuntamiento. Les da igual que el alcalde llamara a todos y cada uno de los que donaron material sanitario al consistorio.

Les da igual que Almeida no conociera la existencia del polémico contrato. Les da igual que la izquierda alabara la gestión de la pandemia llevada a cabo por el Ayuntamiento y aprobara por unanimidad los contratos efectuados. Les da igual todo, absolutamente todo, con tal de criminalizar al alcalde de Madrid, que nunca negó que la llamada se produjo, pero para agradecer las donaciones.

Estamos ante una campaña de acoso y derribo de manual. Y lo insólito es que se obvia que el Ministerio Público lleva meses investigando el caso y que, fruto de esas investigaciones, lejos de apuntar indicios de delito en el papel desempeñado por el Ayuntamiento de Madrid, le exonera de cualquier responsabilidad penal e, incluso, le insta a que se persone como perjudicado.

Todo es tan vomitivo, todo tan sucio, que no habiendo motivo alguno para dudar de la honorabilidad del alcalde se está poniendo el acento en una falsa complicidad entre él y los comisionistas que la Fiscalía ha descartado por completo.

La cacería política contra Almeida no parará, porque a la izquierda y sus terminales mediáticas no les importa la verdad, sino acabar políticamente con el alcalde de Madrid, aunque sea vertiendo una catarata de falsedades. Son así: hienas con el único objetivo de cobrarse la cabeza política del regidor de la capital de España.

Sin embargo, lo curioso, es que mis hienas no eran las de hoy, al menos las que se citan como provenientes de las Izquierdas, todo lo contrario que aquellas, las mías (y hay que recordar que ya estaban en el Congreso los socialistas, los comunistas, los independentistas, los nacionalistas y en la calle la ETA asesinando un día sí y otro también).

No, mis hienas de entonces eran los demócratas de toda la vida, los que en cuanto vieron que “El Imparcial” subía y subía y comenzaba a ser una pesadilla para ellos, empezaron una guerra sin cuartel contra nosotros, o sea, contra los “fachas” de la “extremaderecha”, el “Bunker”, y yo, el Director, naturalmente, el más facha de todos y más cuando iniciamos una crítica con palabras fuertes de la corrupción del Gobierno que ya era pública y notoria.

Entonces llegaron las querellas: 127 casi seguidas y de tal modo que este servidor de ustedes a veces tenía que acudir en un día a dos Juzgados (ya estaban en la Plaza Castilla)… pero tuve la fortuna judicial de que no me procesaran ni una sola vez, ni siquiera cuando “El País” se inventó nuestra participación en la “Operación Galaxia”.

Pero, cuanto más nos apretaba el Gobierno más lo hacían “mis hienas”. ¡Jamás se preocuparon de estudiar, de verdad, lo que era “El Imparcial”, mi “Imparcial”, aquel que tenía como signo de identidad en la Portada un cartelito que decía “LA VERDAD AUNQUE DUELA”.

Mientras sus columnistas fijos y colaboradores asiduos figuraban entre otros el cura Paco, Enrique Lister, Lucas Reguilón, Marcelino Camacho (todos comunistas), Eduardo de Guzmán (anarquista), Vizcaino Casas, José María Ruiz Gallardón, Joaquín Garrigues Walker, Luis Jaudenes, Manuel Fraga, Federico Silva y un largo etcétera de demócratas de entonces! ¡No!, eso a “mis hienas” no les interesaba.

A “mis hienas” lo único que les interesaba era yo, el que no se callaba, el que señalaba cada día las fallos del Gobierno (mientras ellos aplaudían) el que señalaba cada día los fallos del Sistema (mientras ellos aplaudían), el que señalaba que España se iba al precipicio (gracias a aquello, quizás nacieron los “Pactos de la Moncloa”).

No, esto no les interesaba. Les interesaba acusarme de haber aceptado como soborno un pastor alemán adiestrado por la Guardia Civil para que “El Imparcial” hablase a favor de la Guardia Civil, callando, ciertamente, la Guardia Civil que me había regalado un pastor alemán pero recién nacido, con dos meses, y a raíz de lo bien que escribí de ellos cuando gracias a una pareja de tráfico, jugándose la vida, me salvaron de uno de los tres atentados que tuve por aquellas fechas.

No, eso no, de eso ni pio. Así son las hienas. Las de ayer y las de hoy.

Bien, ustedes se preguntarán ¿y quiénes eran, fueron, “mis hienas” de entonces?, los que al final consiguieron echarme del periodismo y mandarme al exilio (al menos del periodismo político, porque luego subsistí gracias al periodismo deportivo y de la mano de mi gran amigo y admirado José María García) y en el exilio sigo.

¿Y quienes eran? Pues, el primero don Adolfo Suárez, el Rey de las hienas, el que te abrazaba y te limaba en público y bajo cuerda te quería meter en la cárcel, aquel Suárez que nunca me perdonó que sacase a la luz el asunto aquel de los 60 y tantos millones de pesetas que su cuñado pudo depositar en un Banco en su cuenta antes de volver a la presidencia del Gobierno… y siguiendo la pauta de don Adolfo, allí estuvieron, como hienas, Miguel Aguilar, Pedro J. Ramírez, Ramón Pi, José Luis Gutiérrez, el “Guti”, Antonio Franco, Joseph Meliá, Pilar Cernuda, José Oneto, Fernando Jauregui, Justino Sinova, Victoria Prego y Soledad Gallego y Bonifacio de la Cuadra (a estos dos, buenos periodistas, eso no lo niego, los despedí yo siendo Director de “PYRESA” y así me lo tacharon como un crimen y me han seguido incrustando en mi Curriculum como un asesinato… pero lo que se callaron como putas, como hienas, es que aquel despido no lo ordené yo, me lo ordenó a mi el entonces Vicesecretario General del Movimiento, a la sazón, don Adolfo Suárez, el que más tarde sería Presidente del Gobierno). ¡No!, eso no les interesaba.

Lo único que querían era mi cabeza… y al final la consiguieron. Fueron “mis hienas”… esas, o parecidas, las que hoy, querido y admirado don Eduardo Inda, son las que en tu criterio persiguen al Alcalde y a la Presidenta de Madrid.

Claro que el tiempo pasa y siempre hay una chaqueta nueva para cambiarse, como se cambia el camaleón de color. Menos mal que si yo fui el “facha”, ellos son ahora, ya, los “fascistas”… miembros de la “casta”, según el coletas Iglesias y sus niñas republicanas.

Julio Merino ( El Correo de España )