ÉRAMOS POCOS Y PARIÓ LA ABUELA

No soy experto en la historia de los pueblos pero salvo casos notorios de personajes que traicionaron a sus patrias, por lo general los hombres y mujeres siempre han aspirado a vivir, convivir y pertenecer a alguna comunidad social, económica, cultural, política , y a veces religiosa, con la que se sienten identificados.

España en cambio es un caso peculiar porque a los nacionalistas con vocación de irse sin cerrar la puerta se añaden los apátridas vocacionales que tienen la pretensión romántica de ser ciudadanos del mundo, aunque saben que sin un pasaporte no podrían pasearse ni siquiera por la casa del vecino francés.

Para que no nos falte de nada tenemos a los que confunden el sentimiento de ser español con ser de derechas y no es de extrañar porque el sectarismo y la ignorancia siempre fueron compañeros de viaje : en España no existen opciones políticas más carcas que los nacionalismos vasco y catalán, curiosamente apoyados por los antiguos terroristas de ETA y de Terra Lliure.

Es algo que ni siquiera ellos saben explicar porque cada vez que aparecen en público estrujándose el lugar donde se supone que tienen la masa gris, se pone en marcha el circuito neuronal que conecta la inteligencia con la expresión facial, y el resultado es un gesto insulso acompañado de un verbo inconexo.

El presidente del PNV, Andoni Ortuzar, ha advertido que se está produciendo una marea de españolidad en estos momentos en los que la justicia se ha puesto manos a la obra y está haciendo que pasen por su oficina los que quieren irse de España sin pagar los platos rotos.

Lo que ha querido decir el paisano de la boina es que a pesar de que el gobierno acomplejado del PP no hace nada por resolver el grave acoso de los independentistas y demás colegas de fechorías, la sociedad civil se está movilizando y parece que ha decidido poner pie en pared y no dejarse robar el honor y la hacienda.

A eso le llama Ortuza “ marea de españolidad “ y atribuye esa sensación sintomática a una peligrosa derechización de la sociedad, pero se equivoca porque de existir ese movimiento social reuniría a mujeres y hombres de la derecha y la izquierda, salvo que el vasco, como también hacen los estrechos mentales de su cuerda en Cataluña, entienda por izquierda exclusivamente a los de la neurona impar que solo les funciona a base de odio, mala leche y quema de neumáticos.

En España existe una izquierda moderna, democrática, tolerante y patriótica que no se avergüenza de serlo.

No he leído ninguna encuesta que haga referencia a ese movimiento que de existir sería trasversal y por eso no se refleja en una opción política concreta, pero si los sociólogos en vez de preguntar a los ciudadanos a qué partido político van a votar , introdujeran una cuestión sobre cuál es el nivel de hartazgo que tienen con los nacionalistas, la respuesta sería muy clasificadora.

Diego Armario