ERC ELIGE A COLAU PARA BLANQUEAR SU INSURRECCIÓN

El fracaso del golpe perpetrado por el independentismo y la estrategia de Ada Colau, abiertamente orientada a confluir con los secesionistas, dibuja un escenario que marcará la precampaña electoral en Cataluña. Ambas partes ya no disimulan lo más mínimo a la hora de urdir una alianza que, de cuajar, lo hará por el odio compartido hacia España y el rechazo a la arquitectura constitucional que ha procurado el mayor periodo de libertad y prosperidad en la historia de nuestro país.

Oriol Junqueras, a través de la carta escrita en prisión -hecha pública ayer- sugiere a Marta Rovira como presidenciable y llama a “tejer complicidades” con Catalunya en Comú. Este gesto llega tan sólo un día después de que ERC saliera en auxilio de la alcaldesa de Barcelona para salvar los Presupuestos de 2018 en el Ayuntamiento de la capital catalana. La declaración de Junqueras es relevante porque se trata del primer líder independentista que, tras el fracaso estrepitoso del procés, llama a los suyos de forma explícita a entenderse con los comunes. Además, esta maniobra se produce en un momento en el que algunos de los dirigentes que han abocado a todos al borde del desastre, tras una ilegal e incendiaria hoja de ruta, ahora admiten sin apenas sonrojarse que Cataluña no estaba preparada para una declaración unilateral de independencia. Faltaban a la verdad entonces y vuelven a faltar ahora porque esta falsa autocrítica no hace más que perseguir el objetivo de resituar sus posiciones de cara al 21 de diciembre.

Junqueras y el resto de consellers enviados a prisión incondicional alentaron una insurrección para empujar hacia la independencia de Cataluña por vías ilegales. El Govern destituido liquidó el marco estatutario y pisoteó los derechos y libertades del conjunto de la ciudadanía catalana para imponer su quimera rupturista, provocando la fractura social y un desastre económico sin precedentes. La misiva de Junqueras -sumado al desafío a la Justicia que plantea Puigdemont desde Bruselas- acredita que el independentismo no tiene la más mínima intención de enderezar su estrategia. De ahí que resulte muy grave que la formación de Colau, lejos de la ambigüedad que hasta ahora había exhibido, se abra a respaldar un gobierno de corte separatista.

Con este entreguismo, Colau se presta a blanquear la felonía insurreccional de ERC. Lo hace, además, con el apoyo de Pablo Iglesias, que de tanto ceder espacio a las confluencias de Podemos ha acabado como un Juan sin tierra. En este contexto, las fuerzas constitucionalistas no pueden desaprovechar la oportunidad que supone el 21-D, lo que exige una decidida voluntad de victoria y el despliegue de un liderazgo político capaz de derrotar a la coalición entre el separatismo y la izquierda radical.

El Mundo