EL ERROR DE BORRAR TUITS

LAS REDES sociales se han convertido en parte sustancial en nuestras vidasprofesionales y privadas, tan sustancial que en determinadas circunstancias impiden delimitar dónde empieza lo profesional y dónde termina lo privado. Se da el caso con los reclutadores de personal y los cazatalentos que buscan candidatos para cubrir puestos de cierta responsabilidad. Ahora -si no los tienen ya- piden los perfiles en Twitter, Facebook y demás y no sería la primera vez que algún aspirante fuera desechado por una fotografía inapropiada en Facebook o por determinados comentarios dejados en Twitter. Y, aunque -en principio, je- estar en las redes continúa siendo voluntario, empieza a ser habitual -en ciertos niveles- la respuesta escéptica del «¡Ah!, que usted no tiene Twitter», cuando nos requieren información sobre nuestra cuenta.

En las redes nos manifestamos y vamos dejando diseminado lo que somos, cómo pensamos y cómo actuamos. Con el paso del tiempo nuestra huella puede ser estudiada, incluso si no trabajamos dentro de Facebook. Y eso no es malo si somos consecuentes.

Le ocurrió al fugaz ex ministro de Cultura, Màxim Huerta, cuyos tuits antiguos contra el ‘establishment’ político, entre otros, empezaron a ser aireados a los minutos de conocerse su nombramiento. Huerta no borró sus comentarios y volvieron a salir a la luz gracias a sus enemigos, sí, pero recordemos que Huerta no cayó por aquellos tuits.

En cambio, dos candidatos de Podemos para dirigir RTVE, los periodistas Andrés Gil y Ana Pardo de Vera, sí se apresuraron a destruir sus tuits antes de que se hiciera pública la noticia de su candidatura. Uno borró más de 13.000 y la otra, unos 21.000, en una decisión errónea. Porque, si eres un particular, intentar borrar de esa forma tu huella en las redes sociales es renegar de tu pasado. Y si destruyes tu pasado en Twitter cuando puedes ser nombrado un importante cargo público es que estás tomando a los ciudadanos por idiotas.

Si no, pregúntese si ficharía como socio para un negocio a alguien que, nada más enterarse de su intención, se apresurara a borrar su huella en las redes sociales. Coherencia de vida, se llama.

Vicente Lozano ( El Mundo )