Tres impresentables ministeriales, entre ellos la acelerada María Jesús Montero,  estaban salpicados por el caso Isofotón que se ha archivado por defecto de forma. Lo mismo ahora con la ayuda millonaria a la aerolínea venezolana Plus Ultra debido a un error, vaya por Dios, de la juez.

Roban a espuertas, como Negrín el oro a Moscú, o Zapatero y las reservas de oro de la España del 11-M o Felipe González que expolió Rumasa siendo Ruiz-Mateos exculpado de toda imputación, y no sucede nada porque errar es humano… y de malparidos. Siempre socialistas.

Si se pregunta en la calle, la percepción es nefasta. La Justicia en España es lo que es por quienes la componen como una máquina sacacuartos  contra los ciudadanos honrados. Honrados como esas dignas excepciones de togados que destacan por la siniestra complacencia del resto con la criminalidad.
Es lo que es porque en el fondo no ha podido ser más integra, cercana, empática con las necesidades del ciudadano que cumple con la ley. Cómplice de la fortaleza delictiva por la inacción moral que cubre de vergüenza los burocráticos despachos del negocio judicial.
Protegidos los derechos del delincuente en la desequilibrada balanza de los derechos que se niegan a la víctima.  Orgullo patrio ante Dios, no;  espejismo de arbitraje por las buenas obras. Premiado el ardid delicuescente con la indefensión de los inocentes.
Justicia sinónimo de chiringuito alimentado por el dolor de quienes no son problemáticos, siendo una pesadilla la lotería de los tribunales que juzgan sin que nada examine las conciencias atrofiadas o la corrupción sectaria e incluso los trastornos mentales. Justicia pero menos.

No en vano, Jesús disertaba en las Bienaventuranzas sobre los que eran perseguidos por la Justicia,  no refiriéndose al criminal sino al humilde que sufre los devaneos de esa Justicia con la indiferencia por procurar el bien, o la amoralidad de quien juzga sin las virtudes salomónicas de la equidad, careciendo de mínimo sentido común.
Justicia vanidosa que olvida los humildes deberes, tamaña responsabilidad de la conciencia, enemiga del noble y correligionaria del tramposo, presta a devorar pecunio, no obstante es primordial premisa al margen de la calidad de las sentencias, dependiendo del capricho de la interpretación de las leyes a favor de quienes la incumplen.
Que pregunten en la calle por el funcionamiento de la Justicia respecto a que la pandilla socialcomunista se vaya de rositas, o a los padres de Marta Castillo que soportan el fin de la búsqueda del cuerpo de su hija, en tanto demagogos oportunistas se afanan en levantar muertos de hace ochenta años. Justicia humana, lo que es.
En España, esta España nuestra que lo soporta todo, antes la Justicia favorable al terrorista que al asesinado; antes defender los intereses del ladrón que el derecho del desvalijado; antes la defensa del que usurpa que el sentido común dando razón de Justicia elemental al usurpado. Antes cerrar causas de corrupción escudriñando defectos formales para dejar impune el fondo delictivo y repetitivo de corrupción multimillonaria.
Justicia como amenaza  lejos del aliciente de protección que debería hallar el sufrido contribuyente, a merced de sinvergüenzas que usan los tribunales para enriquecerse con falsas demandas; nada que objetar a la mentira si nutre la granja donde hocican a sus anchas monetarias un conjunto de profesionales ávidos de llenar las arcas con feroz competencia.
No importa el absurdo de las circunstancias que se derivan ante un tribunal, ni los exabruptos morales de las falsas acusaciones, ni los sádicos recursos y plazos para que los criminales alarguen el acoso contra ciudadanos honrados, si funciona la máquina tragaperras.
Que se imparta Justicia real y en conciencia, ¿conciencia?…es lo de menos.
Que se lo pregunten a Marlasca.
Ignacio Fernández Candela ( El Correo de España )