¿ ES BARCELONA O ES KANDAHAR ?

Casi 1.300 antidisturbios desplegados; 200 guardias civiles repartidos también por sedes estatales e infraestructuras básicas en Cataluña; siete itinerarios de evacuación por si hay que sacar de allí, a la carrera, a los ministros y varios anillos de seguridad para protegerlos de los CDR de Torra cuando habiten el edificio de La Lonja… Ahí es donde ha ido a parar la estrategia de diálogo abierta por Sánchez con los separatistas catalanes, ese vendaval de sonrisas con el que el llamado «Gobierno bonito» iba a terminar con la crisis en Cataluña porque, a su juicio, parte de la culpa de que se haya llegado a este punto la tenía aquel malvado Mariano y su presunta mano dura.

Menos mal que con la llegada del estadista de Tetuán a La Moncloa, con cajas y cajas de ibuprofeno, la cosa se iba a desinflamar (Borrell dixit) y España recuperaría la política «decente».

Pues parece que no. Los datos del despliegue policial previsto para que el Gobierno de España se pueda reunir con seguridad en una ciudad de España invitan a la depresión. Más parecen las medidas que uno intuye en cualquier reunión del Ejecutivo afgano en Kandahar, con los talibanes merodeando amenazantes por la zona y anunciando que van a reventar el evento.

Pero no, esto va a ocurrir en Barcelona, donde la banda del lazo ha organizado una jornada de furia «indepe» que incluye un detallado plan para paralizar la capital catalana y dejarla aislada, con distintos actos de sabotaje a las comunicaciones por carretera o ferroviarias en las órdenes de «combate».

«Apretad, hacéis bien en apretar», dijo Torra un día a los CDR. Y dicho y hecho, desde entonces no han parado. Amenazantes, han bordado el papel de matoncetes del «procés», esa especie de guardia de corps de aquella republiquita interrumpida que fundó Puigdemont.

Ayer, cuando Arrimadas le pedía explicaciones de la violencia desplegada por estas brigadas que mañana amenazan con tomar la calle, Torra se puso hecho una hidra, sulfurado, al grito de «¡mentira, mentira!», incapaz de ver la realidad, su cochambrosa obra política que hace que hoy no sepamos bien si estamos en Barcelona o en Kandahar, en manos de talibanes con barretina.

Unos 1.300 antidisturbios, ¡1.300!, para que el Gobierno de España pueda reunirse en España, cuando el número mágico es el 155. Lo está bordando el doctor con sus sonrisas. [españa]

Álvaro Martínez ( ABC )