ES HORA DE SUPERAR LA LEYENDA NEGRA

En el calendario de conmemoraciones que planificó el Gobierno para 2019 se echan en falta dos efemérides que cualquier otro país habría convertido en asunto de Estado: la llegada de Hernán Cortés a México en 1519 y la primera circunnavegación del globo a cargo de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano.

Cuando el ministro de Cultura, José Guirao, presentó su plan de impulso a la cultura en el mundo, justificó así la ausencia de fasto alguno por el quinto centenario de la gesta de Cortés: «Es que allí ese tema es complicado». A su lado estaba Borrell, que acertó a matizar a Guirao ponderando aquel encuentro entre dos mundos que alumbró el México moderno, tal como recordamos hoy en nuestro suplemento Papel.

El ministro de Exteriores ha criticado otras veces la estúpida asunción de la leyenda negra que aún daña la imagen de España y cuyos nefastos efectos propagandísticos explota sin rebozo el independentismo. Lo triste es que esa retórica no encuentre traducción alguna en el Plan de Acción Cultural del Gobierno, entregado a una noción groseramente politizada de la cultura por la cual Cortés o Elcano se convierten en hitos problemáticos de ardua reivindicación.

No se entiende de otro modo la esperpéntica gestión del aniversario de la primera vuelta al mundo, odisea -financiada íntegramente por la Corona española- que comenzó el portugués Magallanes (naturalizado español) y concluyó tras penalidades sin cuento el guipuzcoano Elcano.

Cierta mojigatería que confunde el reconocimiento con el nacionalismo explica que se llegue tarde a la iniciativa de reclamar esa hazaña como Patrimonio de la Humanidad, idea que partió de Portugal y a la que España se sumó como si fuera el actor secundario, cuando asumió el riesgo de la empresa hace cinco siglos.

Los anómalos complejos que provoca en España la historia de España han proporcionado el enésimo ejemplo en el veto del equipo de Manuela Carmena a la colocación en Chamberí de una estatua en honor de los últimos de Filipinas, propuesta en la que el Ejército lleva trabajando meses para celebrar los 120 años del inolvidable sitio de Baler.

El proyecto ya está casi terminado pero Ahora Madrid no da su permiso para la instalación por considerar que homenajea a «un ejército colonial». El mismo estólido argumento con que los líderes populistas denuestan el Doce de Octubre, incapaces de interpretar la historia sin los sesgos del presente.

No se trata de exhibir orgullo folclórico, sino de expresar gratitud por la pertenencia histórica a una de las naciones más avanzadas y democráticas del mundo. Que algunas opiniones públicas extranjeras sigan comprando los clichés de la leyenda negra es lamentable, pero mucho más lo es que ciertos sectores ideológicos sigan alentándolos aquí. España y sus símbolos merecen estudio, respeto y memoria.

Una nación en permanente negación de su ayer no podrá nunca encarar sin rémoras su futuro.

El Mundo