ES LA LIBERTAD ¡ IMBÉCIL !

Hace  tiempo que dejé de ir a las tertulias de la radio y de algunas televisiones,  y lo hice porque en unos casos dejaron de llamarme y en otros no me compensaba el dinero que me pagaban por participar en una pelea entre sordos cabreados.

Aquello no era un debate en el que se confrontaban opiniones distintas, sino una refriega  sin cuartel,  de consignas políticas contrapuestas que defendían a muerte los abanderados de una u otra opción en lucha.

Me consta que desde entonces no ha cambiado nada y gracias a ese efecto rechazo que me producen los voceros, a veces desdentados, de la derecha o la izquierda que se comportan como mulas sin domesticar, veo más cine y leo libros en los que encuentro consuelo al comprobar que aún quedan reductos no contaminados para la inteligencia.

También escribo mis artículos de opinión, fijo mi posición sobre cada caso e ignoro las réplicas de quienes me leen, no solo las de los que están en contra de lo que digo sino también de los que ingenuamente creen que mis tesis son coincidentes con las suyas.

No me merece la pena ni me interesa intelectualmente entrar en un juego tramposo en el que desaparecen  los argumentos para contraponer los tópicos de una inexistente superioridad moral y una factura histórica que han de pagar selectivamente algunos de los bisnietos descendientes de una parte de españoles que estuvieron en uno de los dos bandos fratricidas, o los socialistas traidores a Sánchez que le recuerdan que  es indecente  mentir.

Hoy criticar al gobierno  se ha convertido en un acto fascista que no discrimina,  porque  incluye a los periodistas del Diario El Mundo y de cualquier otro medio que no practique el  cunnilingus con el gobierno.

Hacer preguntes incomodas es una provocación,  pero no responderlas es un derecho.

Pedir a libertad para los verdaderos presos políticos – que no están en Cataluña sino en Venezuela – es alinearse con un protegido de los Estados Unidos, pero pasear a Miss Daisy por Barajas es un servicio importante a este país.

Tratar a delincuentes condenados o inhabilitados por los tribunales de justicia como interlocutores válidos es progresista y dialogante, pero hablar con la oposición democrática  es innecesario porque… son la puta derecha de las cavernas.

Intentar desmontar  el régimen del 78, y asociarse con quienes  quieren cargarse la Constitución  es el signo de los tiempos, pero ser coherente con la promesa de cumplir y hacer cumplir la ley es una deslealtad y un delito que la nueva patria les perdonará.

Por eso no discuto con quienes me quieren llevar la contraria porque unos están a setas, otros a Rolex y yo a lo mollar.

En la campaña electoral por la Presidencia de los Estados Unidos del año 1992 , en un debate político y social en el que los Republicanos estaban meando fuera del tiesto, Bill Clinton le dijo  a George Bush padre:  “Es la economía ( la que está en juego) imbécil”.

Pues bien ha llegado el momento de decirle a los que aún no se han enterado … por si quieren oírlo, “ Es la libertad (la que está en juego)   imbéciles”

Diego Armario