El escarabajo es un insecto coleóptero que busca el estiércol para alimentarse. Dado que España, hoy, es un gran estercolero, estos peloteros -negros por encima y rojos por debajo-, viven en ella como los ángeles en el paraíso.

Por eso están empeñados en que nadie la regenere ni la limpie, pues es dentro de las bolas de basura que forman donde depositan las hembras los huevos que habrán de multiplicarlos.

Hay pensamientos, reflexiones o escritos que a los escarabajos les escarabajea la conciencia, especialmente si ven reflejada en ellos su mala figura o si tratan de purificar el albañal donde se aprovisionan de alimento. En el Sermón de la Montaña, dijo Jesús: «No deis las cosas santas a los perros ni echéis vuestras margaritas a los puercos». De los escarabajos puede decirse otro tanto; no se debe emplear en el discurso atisbo alguno de delicadeza con quien no sabe apreciarlo. Echar perlas a los escarabajos es tan inútil como hacer de los frentepopulistas gentes de bien.

Es lógico, pues, que esta España sobrante de basura sea en la actualidad el edén de los escarabajos. Y que los escarabajos defiendan su subsistencia tratando de acumular más basura, y empedrando de paso el camino a los que desean limpiarla. Pero el escarabajo se busca su mal con su mala condición, al no satisfacerse nunca de basura, por culpa de su resentimiento.

Uno de los modos utilizados para proteger su vertedero es acechar los escasos medios informativos empeñados en limpiar las calles, las casas y las instituciones de la Patria. Y con el objetivo de impedirles su labor depurativa, tratan de embrollar y mantener el hedor a la temperatura ambiente, se pegan como lapas a dichos informantes no genuflexos ante el poder y, a falta de atinados argumentos y respuestas, comienzan a divagar, escarabajeando por los cerros de Úbeda.

Saben que su credo no sirve para consagrar, pero como están condenados a seguir eternamente con su tarea tóxica, se infiltran para derramar su baba resentida allí donde existe un afán de limpieza, por si pica algún espíritu débil, halagando a las masas estabuladas y pastoreadas por los medios, los reyes y los políticos de nuestro tiempo.

Pues la demofilia de estos minadores consiste en pasar la mano por el lomo, no del pueblo soberano, que no se lo consentiría, sino de ese otro pueblo de maneras ovinas -que tanto les agrada a ellos y a sus amos-, apacentado por ovejeros que lo llevan al exterminio mientras cacarean su defensa de la Constitución, como abusiva y escarnecedora coartada.

Si tuvieran buen olfato, su suciedad debiera apestarles, pero como a nadie le huele mal su estercolero, estos infiltrados defienden las atmósferas mefíticas que habitan, y las respiran con fruición. Porque, si nada puede decirse a los tullidos y paralíticos (moralmente hablando) que aborrecen a los bailarines; ni al buey que adora su yugo y culpa de rebeldes y vagabundos a los gamos, ¡qué vas a decir a un escarabajo que defiende su natural impureza y odia la, para él, repelente catarsis!

Es razonable no acusar sino instruir al que no sabe; pero en este caso es injusto e inhumano el socorrer y enderezar a quien nada puede hacer con semejantes beneficios, pues ni sabe ni quiere saber. Algunos piensan, incluso, que es mejor dejarles encenagarse y atascarse más todavía de lo que están, y tan profundamente si ello es posible, que con algo de suerte lleguen por fin a reconocerse.

El error insondable y la insidia, el trastorno de los sentidos y de la mente, no son cosas curables con meras advertencias. Nadie se convierte en músico por oír una buena canción. Es necesario, aparte de un aprendizaje amplio y constante, una índole apropiada.

Por desgracia, en la España de hoy son multitud los coprófagos que se alimentan de excrementos ajenos, pues los estómagos son amplios e insensibles. Para tanto coleóptero de cuerpo ovalado y cabeza corta como hay, y para tanto espíritu vasallo, sectario y turbio, toda búsqueda de libertad y de pureza, siempre ha de resultar inquietante. El hombre veraz y libre es siempre inaguantable para quienes habitan la tiniebla; para quienes se refocilan en su porquería.

Espíritus despechados que se deslizan por la superficie de lo que dicen o escriben otros y empuñan lo que creen aprovechable para sus intrigas, nutriéndose con ellos como las arañas y las ventosas, que no absorben ni apetecen más que la sangre que pueden hacer mala.

Por eso, aunque lo veamos como un deseo imposible, sería útil que estas gentes que aborrecen patológicamente a Franco y al franquismo porque les despojó de la careta y fue propicio para España, y que ponen el rostro ceñudo ante la licencia de aquellos escritos que los disgustan porque los retratan, lo pongan más todavía ante la licencia de su propio pensamiento.

España, hoy, es un gran cubo de basura, en el que escarabajos y demás fauna frentepopulista saltan, escarban y agitan su bajeza moral y su torva figura desordenadamente. Les punza y disgusta la libertad porque la temen. Porque para ellos, una vida sin cadenas, limpia y justa, no es vida. Y una Patria unida, grande y libre, no es una Patria. Pero conviene recordarles que muchas veces ni el que escarba halla lo que quiere ni el que se cubre con la máscara oculta su alma.

La maldad puede no ser inteligente, pero muy raramente es boba. Mas, aunque la perversidad no suele ser estúpida, a veces también se da esa condición. Lástima y cansancio da cuando te encuentras a un malvado que además es o ejerce de tonto, porque si con aquellos resulta muy arduo razonar, con éstos es imposible. E inútil. Más aún si la razón les pone de los nervios.

Bien está. Dejémosles complacerse en su bajeza y en su cólera y pasemos adelante.

Jesús Aguilar Marina ( El Correo de España )