ESE OLOR A PODRIDO

Los tres minutos de silencio, como cada 4 de abril, dedicados a los difuntos en China fueron disciplinados y recogidos, pero con el añadido de la prohibición de acercarse a los cementerios. Cada vez que se publica el número de fallecidos (3.300) y contagiados (83.000) en China empiezan las dudas y por supuesto las sospechas. ¿Cómo es posible que en el país epicentro de la pandemia haya menos muertos que en Italia y en España?

El corresponsal de ABC, Pablo M. Díez, cuenta desde Wuhan que la Policía impide el paso al mercado de animales donde empezó todo. Sin duda, algo huele a podrido, aunque es físicamente imposible acercarse para saber qué es. La lonja de Xinhua huele mal tres meses después y la dictadura ahuyenta al informador libre que se acerca para ver, fotografiar y contar cómo es el lugar del estallido el pasado 17 de noviembre.

Nunca sabremos la verdad porque el régimen se ocupa de que ni el olor se escape. A estas alturas ningún país libre se cree la versión oficial de China. No hay más que ver las consecuencias que en el resto del mundo está teniendo la pandemia.

Cuatro meses después de comenzar este drama mundial, el Gobierno chino se dedica a comerciar con los países afectados que acuden a su mercado a comprar mascarillas, batas y test cuya homologación deja mucho que desear. El capitalismo salvaje, es decir el sistema impuesto por la fuerza, corre desbocado en un Estado que tiene a sus habitantes sometidos al férreo control del partido comunista, el único e irrepetible.

No deja de estremecer que el país donde empezó todo esté ahora haciendo negocio con la desesperación de los gobiernos occidentales que salen a comprar compulsivamente para intentar remediar su falta de previsión. Nunca sabremos lo que realmente está ocurriendo en China, salvo que a punta de pistola se confinó a la población.

No se andan con multas administrativas porque como en todas las dictaduras la vida no vale nada. ¿Cuántos muertos hay en China por culpa del Covid-19? Habrá que temerse lo peor. Los que ayer recordaron a sus muertos lo habrán hecho en el mayor de los silencios.

No pueden decirlo, se la juegan. Si se ponen todos los afectados a la vez a contarlo tal vez tendríamos una verdad además del mal olor. La gran paradoja está servida. China es el mercado donde se compra a mansalva el material de protección contra un virus nacido en un mercado de animales en el que ni la Policía ni el hedor permiten acercarse desde el 1 de enero que fue cerrado a cal y canto. Ese olor a podrido es una ruina.

Juan Pablo Colmenarejo ( ABC )