ESOS FLIPADOS

Imaginen a un porcentaje de españoles que quiere que el Estado recupere competencias o que no pierda más. En su delirio, les alarma el curso de diferencia que hay, según pruebas internacionales, entre el rendimiento escolar de los alumnos de Castilla y León y los de Andalucía y no entienden cómo es posible que todos los niños españoles no tengan derecho a las mismas vacunas gratuitas, que no exista una tarjeta sanitaria común, que no se financien las mismas pruebas de detección precoz de cáncer o no haya un fichero nacional de enfermedades raras mejor coordinado. Unos cuantos incluso conocen que hay regiones que ponen obstáculos para trasladar a enfermos al Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo.

Algunos mantienen que la gestión de los maravillosos parques nacionales ha empeorado en manos autonómicas y saben que los procesos de selección de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), organismo nacional, son más rigurosos que los de la universidad descentralizada. Unos pocos se han fijado en que parte del éxito del programa de trasplantes es que es nacional. Los locos de atar quieren que la selectividad sea igual en toda España y no dictada y corregida por cada comunidad. Los flipados saben que unos pagan más y otros menos cuando toca heredar dependiendo de dónde se viva.

Los desarraigados, con una abuela de Cuenca y otra de Huelva, se sienten españoles sin más. Se indignan cuando conocen los modos de algunas oposiciones locales y saben que, si se aplicara el baremo de sueldos de la Administración General del Estado en las diputaciones, sería posible bajar varios puntos el déficit. Con la sequía haciendo estragos, barruntan que un plan hidrológico nacional estaría bien y no que cada cuenca mirara por su ombligo.

El 0,1% de los españoles en el barómetro del CIS se muestra preocupado por los estatutos de autonomía. El 67,4% quiere que el Estado mantenga las mismas competencias, tenga más o incluso esté todo centralizado. Me da la sensación, ante los borradores de nuevas constituciones, que hay una enorme bolsa de clientes insatisfechos con la oferta de reforma territorial. Puede que no sean un puñado de lunáticos, solo unos millones que no se han dedicado a promover consultas ilegales, a cortar vías de AVE y a adoctrinar en los colegios. Pero votan. Queda saber a quién.

Berta González de Vega ( El Mundo )