España a las buenas te lo da todo. Algunos piensan que hasta demasiado. Entender esto al PNV le ha costado algunas nueces y algunos cadáveres; Convergència lo sabía, y lo sabía muy bien, pero lo ha olvidado. Los empresarios catalanes fueron los niños mimados de Franco.

Pujol tenía interlocución directa con el Rey Juan Carlos, y una relación privilegiada. «Tranquil, Jordi, tranquil». Con Felipe y con Aznar sentó las bases de nuestra mayor prosperidad desde la recuperación de la democracia. La más brillante idea de Joan Laporta, incluso más brillante que fichar a Guardiola, fue hacerse amigo de Ángel María Villar.

En cambio Puigdemont se está muriendo de asco en Waterloo, Junqueras está de vuelta en la cárcel y Cataluña está haciendo el peor ridículo de su historia con un presidente como Quim Torra. Urkullu ayer saludando al Rey fue la demostración de que todo es posible en España cuando se es educado e inteligente.

El Rey le correspondió con una especial deferencia, dedicándole más minutos de conversación que a cualquier otro presidente. Todo cabe en España si no cuestionas su integridad ni su pervivencia. Son dos límites, me parece, bastante razonables.

España es el país en el que se vive mejor del mundo y en el que las buenas ideas dan mejor resultado. Somos de hecho un país tan extraordinario, que ni malas ideas como las de Zapatero, Iglesias o Sánchez consiguen destruir nuestro optimismo, nuestra alegría ni nuestra calidad de vida. El valor del largo saludo entre Urkullu y Felipe VI se mide también por quien no aparece.

Torra en su pataleta se ha quedado en el rincón de los tontos, naufragando en su gestión de la pandemia, incapaz de tomar decisiones serias y hundiendo la economía catalana en la miseria. Nadie le quiere en Cataluña. Los empresarios le aborrecen, los independentistas se han dado cuenta de que es un farsante y Puigdemont no quiere verle ni en pintura.

Es tal su despropósito que hasta Esquerra Republicana, con un líder enloquecido como Junqueras, puede presentarse como el partido del sentido común y la moderación. Uno siempre ha de saber que todo puede decaer un poco más en cualquier instante. No hay fondo, no lo ha habido nunca. Ni lo habrá. Es una lección fundamental.

Pero lo que es hoy Cataluña, y lo que son sus dirigentes, no nos lo habríamos creído ni en broma si nos lo hubieran dicho hace sólo diez años.

Salvador Sostres ( ABC )