ESPAÑA CON RAZÓN

El corazón lo revela.
El corazón lo declara.
El corazón, palpitando,
nos dice: «¡Quered a España!».

Y hay que prestar atención
al corazón cuando habla.

Mas también la inteligencia,
querido Mesié, proclama
las razones poderosas
para amar a nuestra patria.

No somos Españistán,
como algunos nos ultrajan.
Ni somos cárcel de pueblos.
Ni somos Chad o Somalia.

Somos nación europea,
sólida, vieja y compacta.
Y además, desde hace décadas,
somos una democracia.
Democracia con defectos,
inconvenientes y tachas,
con sus más y con sus menos,
pero, al cabo, como tantas.

Somos una nación libre
donde se vive de fábula,
con unas gentes magníficas
(y otras pérfidas y malas,
porque, como en todas partes,
también aquí cuecen habas).

Somos un país moderno
con toques de vieja usanza,
con un clima cojonudo,
con riqueza culinaria,
con paisajes increíbles,
con ciudades milenarias,
con museos, catedrales
y patrimonio a mansalva.

Con una historia imponente
que llevamos a la espalda.
Con tradición cultural,
con escritores de fama,
con pintores eminentes…
y con una lengua hablada
por quinientos milloncejos
de personas, total, nada.

Por estas y otras razones
(tal vez ramplonas y prácticas),
aunque el corazón dijera
que a esta tierra no hay que amarla,
hoy la cabeza me dice
que he de gritar ¡VIVA ESPAÑA!

Fray Josepho ( Libertad Digital )