Desde la llegada al poder del Gobierno socialcomunista estamos asistiendo a un continuo proceso de desvertebración de la nación española, de tal forma que, retomando el concepto orteguiano, algunas regiones españolas parecen aquejadas por una suerte de “particularismo”, desdeñando el inmenso legado que supone formar parte de una entidad unitaria, como es España, fraguada en siglos de historia en común y que, lejos de representar un todo homogéneo, se manifiesta en su máximo esplendor a partir de la enriquecedora diversidad que aglutina.

Este proceso desintegrador pasa inicialmente por deformar la propia historia de España, negando sus indudables logros y momentos de esplendor, hasta convertirla en una sucesión de luctuosos acontecimientos con la finalidad de crear una crónica negra que promueva el desapego de los españoles hacia su propia patria.

Asimismo, se deslegitiman las instituciones que garantizan la existencia y funcionamiento del Estado, a la vez que se potencia la división interna mediante una descentralización del poder que ha llevado a las CC.AA a convertirse en auténticos “reinos de taifas”, difuminándose así la unidad de la nación española.

Por último, conscientes de que, como señala Ortega y Gasset en su obra “España Invertebrada”, “Las naciones se forman y viven de tener un programa para mañana”, este Gobierno socialcomunista, lejos de presentar un proyecto común para el conjunto de la ciudadanía, da alas a todo tipo de reivindicaciones por parte de grupos independentistas, los cuales tan solo buscan el beneficio propio sin importarles el daño ajeno, haciéndose así imposible la implementación de políticas basadas en la unidad de acción y la búsqueda del interés general sin distinciones territoriales.

Detrás de este proceso de progresiva eliminación de los vínculos que constituyen la “razón de ser” de toda nación, pueden percibirse, con un mínimo de perspicacia, las maniobras orquestadas en la oscuridad por ese grupo de plutócratas que pretenden convertir a los Estados-Nación en Protectorados de entidades supranacionales, con el objetivo de desarrollar su “Agenda Globalista” y establecer un “Nuevo Orden Mundial”.

Tras la formación del Gobierno, la coalición socialcomunista, dada su exigua representación parlamentaria, necesitaba seguir contando con el apoyo de otros partidos para así poder llevar a cabo su agenda rupturista y sacar adelante la legislatura. La cuestión a dilucidar era, por tanto, que adhesiones recabaría para evitar la parálisis y asegurar su continuidad.

El dilema, como era previsible, estaba resuelto de antemano, ya que, a pesar de la mano inocentemente tendida por Cs –un partido político que va camino de dejar de serlo, para convertirse en una plataforma salarial para su cúpula- el Gobierno se decantó por aliarse con dos fuerzas políticas, una golpista, como es ERC, y la otra filoterrorista, como es Bildu, cuyo objetivo común es la destrucción de la nación española.

La definitiva constatación del pacto de la vergüenza se ha evidenciado de manera palmaria en el proceso de elaboración de los Presupuestos Generales del Estado (PGE). Así, con la aquiescencia de Pedro Sánchez -un hombre sin ideología al que solo mueve el afán de poder- ha sido Pablo Iglesias -ese despojo humano al que, tal y como ha declarado, le desagrada profundamente pronunciar la palabra España- el que con sumo gusto ha ejercido el papel de muñidor del oprobioso acuerdo entre socialcomunistas, golpistas catalanes y filoterroristas vascos para dar luz verde a unos PGE que si por algo se caracterizan es por ser nefastos para el país, tal y como ha manifestado el gobernador del Banco de España.

Evidentemente, el acuerdo, además de sus deletéreos efectos económicos, conlleva importantes contrapartidas para Cataluña y el País Vasco, como son la concesión de nuevas transferencias e inversiones millonarias para ambas regiones, beneficios penitenciarios para los terroristas vascos y una rebaja de la pena por sedición para acelerar la salida de la cárcel de los golpistas catalanes.

En definitiva, como explicitó sin disimulo alguno Arkaitz Rodríguez, secretario general de Sortu, “Vamos a Madrid a tumbar definitivamente el régimen” y ese brutal anhelo devastador es precisamente lo que deja entrever una negociación tejida con el hilo de la traición empapado de sangre.

Otro paso en el proceso de desvertebración de España, exigido por las fuerzas independentistas a un Gobierno definitivamente humillado, ha sido el incluir en la nueva ley de educación (LOMLOE) de la ministra Isabel Celaá la eliminación del español como lengua oficial del Estado, suprimiéndose así su condición de lengua vehicular de la enseñanza en las CC.AA bilingües.

De esta forma se dibuja un panorama en el que en un futuro no muy lejano la mayoría de los españoles podremos comunicarnos sin necesidad de intérpretes con 600 millones de personas hispanoparlantes de distintas partes del mundo, pero no con los españoles de Cataluña y el País Vasco, lo cual, obviamente, supone un disparate de tal magnitud que solo puede tener cabida en la enfermiza mente de una tropa de fanáticos antiespañoles instalados en el rencor y el odio nacidos de un complejo de inferioridad manifiesto.

Por último, no podemos dejar de referirnos al problema de la inmigración como un fenómeno consustancialmente desvertebrador, cuando éste es masivo e incontrolado, como ocurre en el caso de España.

Así, una política errática y condescendiente con el problema migratorio -que no solo permite censar a las personas que han entrado ilegalmente en territorio español, con los injustificados beneficios que ello conlleva, sino que también se muestra renuente a realizar repatriaciones en caliente, a pesar de estar avaladas tanto por el Tribunal Constitucional como por el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo- ha provocado un permanente “efecto llamada”, lucrativamente aprovechado por las mafias internacionales de tráfico de seres humanos.

El objetivo último del caos migratorio propiciado desde la izquierda neomarxista es la creación de sociedades multiétnicas y multiculturales, con la consiguiente destrucción de los cimientos culturales que forman parte de la ontología de toda nación.

Por lo tanto, desde esta perspectiva, el fenómeno migratorio, siempre que no sea el resultado de acuerdos de cooperación con los países de origen, solo puede ser considerado como un suicidio económico y cultural programado, que amenaza la propia cohesión de la nación española, urdida con los valores y principios rectores característicos de la civilización occidental.

Decía Antoine de Saint-Exupéry en “El Principito” que “Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos”. Estando de acuerdo con ello, entiendo que no se puede buscar a España en sus gestas ni en sus fracasos, en sus periodos de gloria ni en sus momentos de zozobra.

No, España no se limita a una historia ni a un mapa, sino que se halla en el corazón de todos aquellos que, como a Miguel de Unamuno, “nos duele”, porque España, más allá de un relato o un territorio, es una emoción, un sentimiento, una pasión.

Por ello, hoy más que nunca, frente a la amenaza socialcomunista y separatista, cabe proclamar a los cuatro vientos ¡ Santiago y cierra España !

Cartas al Director (El Correo de España )