ESPAÑA EN ALMODENA

España se está subastando no al mejor postor, sino al peor. El Gobierno progresista la ha puesto en almoneda con una desfachatez sólo superada por la ruindad de los pujadores. El PNV se lleva el control de la Seguridad Social -pagada por la caja nacional, ¡menuda ganga!- junto a la administración de prisiones -los últimos etarras en ellas deben de estar celebrándolo-, mientras Iglesias azuza a los campesinos -«¡Apretad! Tenéis razón»- contra el Gobierno del que es vicepresidente y los secesionistas catalanes debaten cuándo deben obtener sus reivindicaciones, antes de sentarse a la mesa acordada con Sánchez o una vez sentados, cuestión un tanto baladí, pues buena parte de sus líderes condenados han salido de sus celdas y terminarán saliendo todos al tener la Generalitat las llaves de las mismas.

En cuanto al referéndum de autodeterminación que también piden, se logrará bajo otro nombre o argucia más o menos legal. Todo para que un buen mozo madrileño, doctor estampillado, pueda seguir durmiendo en La Moncloa. ¿O vuelve a sufrir insomnio al comprobar lo que hace su vicepresidente? No lo creo. Lo único que le desvela es dejar de ser lo que es y ni él ni quienes le apoyan están dispuestos a perder ese chollo.

Naturalmente, pueden surgir inesperadas contingencias, como el caso Ábalos-Delcy, pero si todos ellos están dispuestos a tragar casos tan nauseabundos como la prostitución de menores refugiados en Mallorca ¿qué problema podrán tener tapando una cita de madrugada en Barajas entre un ministro español y una vice venezolana?

También cabe que el atrabiliario Torra eche a perder el trapicheo entre ERC y PSOE para lograr la autodeterminación. Pero incluso a su jefe, Puigdemont, le interesa que salga adelante para poder volver a España limpio de polvo y paja. Además, el plan de Junqueras es mucho más sensato que el de Torra, al contar con que Sánchez, por más que quiera, no puede darles hoy por hoy la independencia.

De ahí que se contenten con lo obtenido, la negociación de tú a tú con España, nuevas competencias, más dinero y la promesa de seguir negociando sobre «los derechos del pueblo catalán refrendados por su Parlament», un cheque en blanco, que permite todas las interpretaciones. De momento les basta, al saber que los catalanes partidarios de la independencia siguen siendo menos de la mitad.

Pero ese documento significaría el comienzo de que el sueño podría convertirse en realidad, legal además. Una pista de aterrizaje para su independencia aceptada por un gobierno español, algo que nunca han tenido. Lo que podría hacer cambiar de actitud a muchos catalanes recelosos ante tal eventualidad.

De ahí en adelante, sería cuestión de «apretar y apretar», hasta que los españoles se hartaran y dijeran «Idos a freír espárragos». Lo que siguiese posiblemente sería bastante peor para los catalanes, como ocurre a los ingleses con el Brexit, pero ¿qué importa eso a un nacionalista?

José María Carrascal ( ABC )