ESPAÑA NO DEBE SER OTRA ” LAMPEDUSA ”

Los servicios de atención y cogida de inmigrantes en Cádiz y otros lugares de Andalucía están desbordados. El fuerte repunte de la llegada de pateras a nuestras costas está provocando un auténtico caos que presumiblemente se va a complicar mucho más en las próximas semanas. De hecho, el Gobierno, paralizado por la situación, ha admitido que se ha agotado ya el presupuesto previsto para todo el año para la primera atención -la que se realiza a pie de playa-, y aún estamos a comienzos del verano.

Mientras se ultiman partidas extras como parche, vuelve a evidenciarse que la crisis migratoria que afronta Europa afecta de un modo muy especial a España, convertida en una nueva Lampedusa occidental, con el agravante de que no despertamos gran interés ni en Bruselas ni en nuestros socios comunitarios, instalados en una política del avestruz ante las llegadas a la frontera sur y en un sálvese quien pueda, como se comprobó en el último y fallido Consejo Europeo.

Los datos son tozudos y no admiten buenismo simplista. En los primeros siete meses del año, más de 22.500 personas han logrado poner el pie en nuestro país tras cruzar el Mediterráneo, lo que representa ya el 35% del total de llegadas al Viejo Continente a través de esta vía. Y mientras éstas se han reducido notablemente en países como Italia -en lo que va de 2018 ha acogido un 85% menos que en el mismo periodo del año anterior-, las llegadas se están duplicando a las costas españolas.

Varios son los motivos. Entre ellos, el cierre de las rutas del llamado Mediterráneo central por parte de los traficantes de seres humanos sin escrúpulos para sortear la inestabilidad en estados fallidos como Libia y las zonas de influencia de las filiales del Estado Islámico. O el oportunismo de las autoridades marroquíes, que periódicamente usan la presión migratoria como arma negociadora y para aliviar tensiones internas.

Por todo ello, resultan especialmente irresponsables los gestos propagandísticos y buenistas con los que el Gobierno de Sánchez inició su andadura. La acogida del Aquarius no fue acompañada de un alzamiento de la voz para demandar ayuda a los Veintiocho ante las dificultades que tenemos para gestionar las llegadas de pateras diarias -por no abundar en el pernicioso efecto llamada-. Al contrario, Sánchez aún se animó a echar una mano a Merkel prometiéndole que nos haríamos cargo de una cuota de sus refugiados.

Pero a España no la ayuda nadie. Incluso dentro de nuestro país, la presidenta andaluza criticó ayer que no se distribuyan los esfuerzos entre las 17 comunidades autónomas. En Cádiz, por ejemplo, estamos viendo comisarías saturadas y cientos de inmigrantes hacinados en módulos prefabricados con condiciones dramáticas. Esta grave crisis no ha hecho más que comenzar y exige medidas urgentes, realistas y coordinadas entre Administraciones.

El Mundo