Si hubiera titulado aquel trágico suceso histórico con cualquiera de los dos nombres más destacados con que ha llegado hoy hasta nosotros, el 18 de JULIO o Día del ALZAMIENTO NACIONAL, seguro que a la mayoría de los individuos de las nuevas generaciones que forman la población actual de esta nación no les dirían nada o muy poco; y de arriesgar alguna respuesta, muchos darían una confusa o equivocada con otro hecho de esa  nuestra vieja Historia nacional.

En las redes sociales vemos a reporteros que ponen el micrófono a grupos de jóvenes interpelándoles sobre algún personaje o suceso del pasado incluso cercano y las contestaciones son, para vergüenza, hilarantes. Somos pocos los que quedamos, nacidos en pleno conflicto civil o en los años posteriores cercanos a tan sangriento enfrentamiento, los que conocemos perfectamente lo que evocan tales títulos o nombres.

¿A quién atribuir esta culposa ignorancia que está haciendo verdad la tajante y conocida frase de que “los pueblos que olvidan su Historia están condenados a repetirla”? Dudar, por los que saben la respuesta o hacerlo tímidamente al contestar, es como mínimo un acto de hipocresía, si no es una acción de cobardía intelectual. La respuesta está en la democracia. Mas, aclaremos, no es ésta la culpable, la responsable de tan ominoso e insensato olvido.

 La democracia que sustituyó al régimen autoritario del general Franco nos trajo  una plural avalancha de políticos de todos los colores del espectro, efecto negativo de ese sistema si no hay un control razonado y razonable y sin la preparación intelectual mínima que debería exigirse para tener una calidad democrática que avalara el cambio.

 Los que provenían del Régimen anterior y se hicieron el “haraquiri”, como se ha escrito, tenían en su mayoría bagaje cultural suficiente para haber dirigido y encauzado con éxito durante un tiempo los débiles pasos de la recién nacida democracia.

Pero les faltó carácter y energía y les sobraron inexplicables complejos ante una izquierda de aluvión crecida por el mismo cambio y en su gran masa horra de preparación y cultura; a la que, por otro lado, y no en pequeño número de individuos, le sobraba sectarismo, rencores y ambiciones, dañinos siempre para la construcción de una futura sociedad firme, sensata y verdaderamente democrática.

Y aquellos prohombres del viejo Régimen, que empuñaron el timón en los inicios, comenzaron demasiado pronto a ceder ante la presión de quienes en sus ideologías y programas traían otros propósitos y fines distintos a los que la nación española necesitaba y sobre los que se había sostenido durante siglos para seguir siendo la misma a pesar del cambio de régimen.

Un ejemplo es ese malhadado Preámbulo de  la Constitución en el que se introdujo, como un Caballo de Troya, un concepto provocador de vientos y tempestades: “las nacionalidades”. Nunca en España han existido; introducirlo en aquella fue un tremendo error con efectos deletéreos.

La democracia, un sistema para la convivencia, ha venido a ser otra vez un dogal para España como nación por culpa de esa cobardía y complejos de la derecha política, por un lado, y por otro, por la insensatez, irresponsabilidad y sectarismo de una parte importante de la izquierda.

El DÍA del ALZAMIENTO NACIONAL, 18 de JULIO de 1936, podrá borrarse o difuminarse para las nuevas y futuras generaciones; pero será imborrable en las páginas de la Historia de esta nación.  Esa fecha será un hito indeleble.

 Sin embargo, ahora, una parte de esa Izquierda borrega, sectaria, inculta hasta sentir vergüenza ajena, quiere rescribir la Historia de una guerra que perdieron sus antepasados políticos para contárnosla como víctimas habiendo sido verdugos.

El odio la ciega , la revancha la enloquece y la osadía de los impostores llega al límite de provocar otro conflicto civil, otra guerra entre españoles. No han aprendido nada de aquella pavorosa y sangrienta lección que fue la Guerra Civil de 1936, que se llevó por delante una República, acogida con esperanza en sus inicios, frente a una monarquía que  cayó “como una cáscara vacía”.

Una II República que al mes de proclamada comenzó a ser emponzoñada y desvirtuada por los extremistas de la Izquierda antiespañola que llegaron a gritar en las calles ¡viva Rusia! ¡muera España! No vamos a relatar en qué convirtieron aquella República durante los cinco años que tuvo de existencia, con crímenes, persecución religiosa a muerte, supresión de libertades, robo de la Hacienda Pública, saqueo de las cajas privadas de los bancos, destrucción del patrimonio cultural de la nación, entrega del oro de España al dictador y criminal Stalin, etc., etc.

o se privaron de nada, hasta de un golpe de Estado, liderado por dos conocidos delincuentes políticos, Largo Caballero e Indalecio Prieto, mandamases del PSOE, en connivencia con los separatistas catalanes, a cuyo frente estaba el Presidente de la Generalidad, Lluis Companys, quizá el mayor criminal de aquella guerra civil: es el conocido golpe de Estado de octubre de 1934 contra la República.

Es historia demasiado conocida, estudiada y escrita por concienzudos historiadores, no por bastardos y miserables a sueldo de ideologías políticas antiespañolas. Ahí están sus libros, testimonios y documentos para comprobarlo. ¿Cree alguien que estos sectarios y fundamentalistas de la Izquierda que pretenden reescribir la Historia de España se han tomado la molestia de leer una sola página de los mismos?

Por las reacciones, planes y decisiones que comenzaron con aquel zapatiestas, Rodríguez Zapatero, y ahora pretende poner en práctica el actual okupa y psicópata de la Moncloa, un tal Pedro Sánchez, sabemos que no. Al deleznable instrumento lo llaman Ley de Memoria Histórica, conocida ya como “Ley de Memoria Histérica” por una mayoría de la gente lectora, culta y concienciada de este país.

No es para menos, porque solo a individuos histéricos, de rabiosa, rencorosa y destructiva mente, se les ocurre remover, además de cadáveres, que viven en la eterna paz de los muertos, enterrar en el olvido miles de páginas, producto de exhaustivas investigaciones  realizadas a conciencia por profesionales del oficio, historiadores imparciales y objetivos, nacionales y extranjeros.

Pues tales malditos personajes y su recua de secuaces se empeñan en cometer una estafa gigantesca de la Historia de nuestra nación para sustituir la verdad por la impostura y la falacia. Y en este momento el protagonista sobresaliente de tal impostura y falacia no podría ser otro que un gigantesco Impostor, Pedro Sánchez, “okupa” de la Moncloa, cuya tesis doctoral, entre otras añagazas y mentiras de su carrera política, es falsa y plagiada, ni siquiera escrita por él.

Pero algo más empieza a estar muy claro con el paso del tiempo. Fueron los socialistas, desde los tiempos de Felipe González, los que se opusieron o pusieron trabas una y otra vez, en las diversas legislaturas, al estudio en las escuelas de las Humanidades, entre ellas, la asignatura de la Historia de España.

No les interesaba que el pueblo español conociera el criminal protagonismo que el PSOE tuvo contra nuestra nación en diversos momentos trágicos de su existir, destacando como un hito criminal la provocación de una Guerra Civil por la que media España, por lo menos, se sumó al ALZAMIENTO NACIONAL del 18 de JULIO de 1936.

Por ello los numerosos españoles que se están uniendo a SOMOS LA ESPAÑA EN MARCHA, la tomamos como hito y  lección historia para no volver a repetir tan triste y dolorosa tragedia entre hermanos.

Pedro Conde Solanada ( El Correo de España )