Desde la llegada de la democracia a España, nuestro país había sido un referente moral en toda Iberoamérica.

Estados Unidos nos consultaba y en la Unión Europea se acostumbraba a seguir invariablemente los pasos que marcaba España en las tomas de posición sobre la región.

Que España haya desaparecido de la ecuación en un proceso de negociaciones en las que han aceptado participar tanto la dictadura venezolana como la oposición democrática es un indicio gravísimo de que hemos perdido cualquier relevancia en un escenario en el que tenemos intereses históricos, económicos y de todo tipo.

Y lo peor es que no puede extrañar a nadie porque en nombre de España hablan tanto el ex primer ministro Jose Luis Rodríguez Zapatero, que es el principal abogado de la tiranía, como los ministros del actual Gobierno que no ocultan sus simpatías hacia el chavismo.

Lo que ha sucedido es un baldón colosal para nuestra diplomacia.

ABC