ESPAÑA ROJA Y ROTA

Si el CIS acierta en su augurio y los españoles votamos en las municipales y autonómicas como pronostica el Instituto, el 27 de mayo el mapa de España aparecerá teñido de rojo y no mucho tiempo después la Nación se romperá.

No lo hará de un día para otro, pero la estructura política consagrada en la Constitución de 1978 se volverá irreconocible y más pronto que tarde la soberanía dejará de pertenecer al conjunto de la ciudadanía para dividirse por territorios. Regresaremos a las taifas.

Bien es verdad que el sondeo de Tezanos adolece de abundantes fallas que merman su credibilidad. La primera y principal de ellas es la total dependencia de su autor con respecto al presidente Sánchez, sin menospreciar el hecho de que el estudio de campo se hiciera antes de las generales.

Aún así, el peligro está ahí, es real y conviene tener muy claras las dramáticas consecuencias que tendría para el país esa arrolladora victoria de la izquierda aliada a la extrema izquierda y al separatismo en todas las administraciones públicas, desde el más pequeño ayuntamiento hasta La Moncloa, pasando por las autonomías que gestionan nuestros hospitales, nuestras escuelas y nuestro derecho a legar a nuestros hijos lo mucho o poco que hayamos podido ahorrar trabajando, sin tener que entregar a las voraces fauces de Hacienda el consiguiente tributo confiscatorio.

Si la división del centro-derecha, las pugnas pueriles entre líderes y ciertos discursos extremistas producen el mismo efecto que el pasado 28-A, podemos prepararnos para lo peor.

Sin resistencia capaz de frenar sus planes en algún feudo autonómico de peso, como Madrid, o en la capital que actualmente gobierna Manuela Carmena, Pedro Sánchez y sus socios tendrán las manos libres para llevar adelante los propósitos que ya han adelantado y los que ocultan astutamente, como hicieron con el sablazo fiscal de 26.000 millones anunciado justo después de su victoria en las urnas: liquidación o asfixia de la educación concertada; vuelta de tuerca al adoctrinamiento y a la dictadura lingüística en todas las regiones susceptibles de sufrirla (que les pregunten a los valencianos víctimas de «Acció Cultural del País Valencià», prima hermana de la catalana Òmnium Cultural dedicada a promover las mismas actividades por las cuales su presidente, Jordi Cuixart, se sienta en el banquillo del Supremo); subidas de impuestos; incremento del gasto; crisis económica; paro.

La herencia hallada en Andalucía por la actual administración del PP y Ciudadanos tras cuarenta años de socialismo, empezando por esas 500.000 personas borradas de las listas de espera de la sanidad pública, sumadas a las 34.000 desaparecidas de las solicitudes de asistencia a la dependencia, da una idea de lo que cabe esperar de ese mapa bermejo que nos dibuja Tezanos. En cuanto a la España rota, por si no bastara la influencia determinante de Torra, Junqueras u Otegui para sostener a Sánchez en su poltrona, ya se ha encargado él mismo de sugerir su fórmula mágica de «solución» para Cataluña: recuperar el estatuto declarado inconstitucional por el TC en 2010, que entre otros desafueros otorgaba rango de nación a dicha comunidad y consagraba en ella un poder judicial propio. Ese apaño supondría la liquidación de facto de la Carta Magna, aunque no sería la primera vez que dicho tribunal supedita sus decisiones a la conveniencia del ejecutivo de turno. Sin ir más lejos, lo hizo en 2012 al desautorizar al Supremo y legalizar a Batasuna, tal como exigía la mal llamada «paz» pactada por Zapatero con ETA.

Es mucho lo que nos jugamos. Demasiado para desoír el deber de votar con la cabeza.

Isabel San Sebastián ( ABC )